Gusaneando me he encontrado con esto en un blog llamado Fogonazos.

Hay en Tarragona una urbanización abandonada que no se terminó de construir. A la entrada de esa urbanización hay una estatua de fibra de vidrio del Mazinger Z de 10 metros de alto. Lleva 25 años vigilando el bosque.

Hay algo triste en eso. Los sitios abandonados siempre me acaban produciendo esa tristeza. Pensar en la ilusión con la que alguien diseñó la estatua, pensando en lo que les molaría a los niños de hace 25 años que vivieran allí, jugando entre los pinos bajo la sombra de aquello que es para Rapunzell, la suma de todo lo bueno que hay en el mundo. Y pensar que eso quedó en nada, en un montón de fibra de vidrio en mitad de un pinar, vacío de propósito.

Y por otro lado, ¿no es cojonudo de veras que pasen estas cosas? Figúrate, vas por el bosque de pinos tan pancho y ves unos puños asomando sobre las copas de los árboles. Te acercas más y está ahí, ¡el Mazinger!

A mí me alegraría toda la excursión, desde luego.

Imperator fuera.

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