Cada mañana cojo el Metro en la glorieta de Embajadores. Suele haber como una media docena, a veces más, de mendigos y homeless más o menos fijos por ahí. Duermen junto a la boca o en ella, y no se meten con nadie. A veces alguno me pide dinero, y yo paso de ellos.

Esta mañana había un pequeño grupo de gente mirando algo en el suelo. Al acercarme más he visto que se trataba de una cartulina, en la que alguien había garrapateado una despedida, y un “Tus colegas no te olvidan.” Habían puesto 3 cirios de todo a 100, unas pocas flores, y nada más. La cartulina estaba en mitad de la acera, pero la gente no la había pisoteado ni perturbado de ninguna manera. El lugar era uno en el que solía ponerse uno de ellos, a pedir frente a la puerta de un banco. Creo que sé quién era, al menos creo que recuerdo su cara.

Madrid es un lugar hermoso y terrible a veces.

Imperator fuera

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