Una persona se mete en un proyecto empresarial, asumiendo un puesto de responsabilidad. Esa persona trabaja duro y bien, echa una pila de horas extra por un sueldo que en ningún caso lo justifica, hace lo que tiene que hacer.

Esa persona tiene que tomarse una baja médica larga, por problemas físicos relacionados con y agravados por el trabajo. Vuelve a la empresa, y el mismo día que se incorpora la despiden. ¿Razón aducida? No hay dinero. Eso sí, han incorporado a la mujer del jefe, y a una persona con un perfil similar a la despedida pero que cobra 200 € menos al menos porque es junior y no hay que hacerle subidas. Dos sueldos por uno. Le reconocen el despido como improcedente, le dan el cheque y fuera.

No le dejan ni despedirse de sus compañeros. Ha de irse como una ladrona.

Otra: Rapunzell trabaja en una empresa disfrazada de asociación. Rapunzell sale de su pequeña aula y va más allá, se implica en otros proyectos, echa una mano, nunca rechaza un proyecto, aporta soluciones y siempre está ahí. Hace más de lo que debe, y lo hace mejor que nadie.

Su jefe dedica 5 segundos a felicitarla por lo que hace bien, y 15 minutos a decirle que se está metiendo en otros proyectos, y que a ver si se coordina mejor. A pesar de que a Rapun nadie le ha dado objetivos, orientación, ni parámetros de trabajo. Siendo esa charla la segunda vez que el jefe habla con ella desde Noviembre. Y a pesar de que la persona con la que Rapunzell se tiene que “coordinar” no tiene tampoco ni puta idea de qué está hablando el jefe, y está descubriendo que se suponía que ella tenía que hacer o dejar de hacer cosas de las que no sabía nada.

No importa que se haga bien el trabajo. Importa no destacar demasiado, en tanto que eso hace resaltar la incompetencia que te rodea.

A esto lo llaman gestión de empresas. Estoy seguro de que los dos hijoputas del ejemplo consiguen que sus negocios respectivos rindan beneficio y sean rentables. Estoy seguro de que si alguna revista de comenabos como Capital Humano les entrevistara, la puta boca se les llenaría de la importancia de las personas y el equipo humano en la organización, la comunicación y todo eso.

Me faltan palabras para expresar mi desprecio por vosotros, eunucos asquerosos. Nunca tendréis un buen equipo, porque lo destruiréis. Acabaréis teniendo funcionarios, porque eso es lo que en realidad queréis. Así no se verá que toda vuestra pose no es más que eso. Y por mucho dinero que ganéis, siempre acabaréis por ganar menos de lo que podríais.

Y en el fondo, lo sabéis.

Habéis cogido a dos magníficas trabajadoras, y las habéis hecho menos rentables. No sólo para vosotros, sino probablemente para el que venga detrás. Acabáis de perder dinero, acabáis de perder calidad de trabajo. Pero eso no importa mucho, porque os movéis en un entorno de matados como vosotros, de inútiles desperdicios de oxígeno que dirigen negocios que funcionan sin hundirse simplemente porque no hay comparativas mejores. Porque en cuanto la hay, sois aplastados.

Cualquier imbécil puede tener una empresa. No hay más que ver los ejemplos.

Imperator fuera.

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