Dedico este post al Capitán Napalm, que anoche en la cena observaba que es el segundón en las dos únicas religiones verdaderas que ha profesado en su vida (la Proctomancia y esta). Sigue con ello, Capi.
Se me olvidó decirlo anteriormente, pero quería dejar constancia una vez más del poder de la Cojonudología antes de irme a hacer algo tan épico y cultural como es limpiar el baño.

Voy a seleccionar al que será mi próximo jefe. Voy a elegir a mi jefe.

Sí, amiguitos, así es. Resulta que mi jefe de equipo (que es ingeniero como todo el mundo en mi empresa menos yo) ha recibido una oferta de esta tremenda multinacional industrial. La oferta es tan cojonuda que hasta el jefe de mi jefe le ha dicho que sería tonto si no la coge. Así que he ahí que hemos de buscar un nuevo jefe. Y en esto que mi über-jefe se toma un café conmigo y me dice que él prefiere que sea yo el que me haga cargo de la selección, porque tenemos que trabajar codo con codo con ese tío, y es muy importante que a la becaria y a mi nos guste, y nos encaje. Luego le he convencido de que, ya que el jefe de equipo no tienen más misión que generar negocio, tampoco necesita tener un despacho (de cara a decidir a qué tipo de oficina nos mudamos). De modo que hemos acordado que a mi nuevo jefe le daremos un portátil con conexión inalámbrica a la web para que pueda mirar la aplicación con la que curramos, leer el correo y eso, le daremos un móvil, y que curre en su casica. Con que se pase un rato cada día por la oficina a dejar y recoger documentación, ver un poco qué tal anda todo (porque él es el que se trata con los clientes), y se tome un café, la cosa va que arde.

De modo que yo elegiré a mi jefe, al cuál no tendré que verle mucho la jeta de todos modos.

Así son las cosas para los cojonudólogos, chicos. El resto de las religiones no te dan lo mismo. ¡Apuntaros al invento!¡Dadme vuestra pasta!

Imperator fuera.

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