El mayor problema con una definición de la felicidad es el problema del salto explicativo. Por esta cuestión no me metí más a saco en definir el concepto en la entrada anterior.

Este problema consiste en la dificultad que actualmente existe (especialmente en la Psicología de la Conciencia) para dar el salto desde la actividad neuronal (que puede ser perfectamente conocida) hasta la experiencia personal (que también puede serlo, reconociendo lo subjetivo de cada experiencia). O sea, todavía no sabemos cómo la activación de ciertas células en el córtex occipital en respuesta al impulso de la retina, se transforma en nuestra experiencia del rojo. Esto se debe a que aún no hemos determinado cómo funciona la conciencia, si bien es un campo que está teniendo un fuerte impulso y dando unos datos apasionantes.

Por todo ello, la definición de felicidad es algo que se escapa con facilidad. De hecho, la OMS tiene enormes problemas para alcanzar una definición de salud que sea lo bastante válida, y al final la definición que ellos dan se acaba pareciendo mucho a la que tenemos de felicidad la mayoría de nosotros: un completo bienestar físico, social y psicológico.

Pero claro, el bienestar varía de una persona a otra, debido a lo que en filosofía de la mente se define como qualia. El qualia es la experiencia subjetiva de algo, y es distinta para cada persona. Mi qualia del rojo es diferente del tuyo: aunque los dos estemos de acuerdo en que un objeto es rojo, el rojo que vemos no es igual simplemente porque los cerebros son diferentes. De modo que tratar de explicar por qué un bluesman puede ser feliz siendo infeliz es algo que debería explicarse caso por caso, porque cada bluesman tendría una felicidad diferente.

Esta certeza es la que me hace despreciar cualquier invento que diga “La felicidad se logra haciendo esto…”, sea religión, libro de autoayuda, anuncio comercial o lo que sea. La felicidad es un estado cerebral no dependiente de las circunstancias. Tiene grados, por supuesto, y no tiene por qué darse continuamente para afirmar que llevo una existencia feliz. Hay gente que es capaz de alcanzar la felicidad en las circunstancias más tremendas (caso de Viktor Frankl en los campos de concentración nazis), por lo que es mejor idea dejar de correr en círculos como gallinas decapitadas buscando la receta de la felicidad, y dedicarnos a ver qué hay de cojonudo en cada situación que afrontemos.

Por ejemplo, despertarse sin motivo aparente esta noche bastante antes de las 6 de la mañana puede ser un evento feliz, dado el estado mental correcto.

Imperator fuera

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