Casi todo el mundo sabe quién es Conan el Bárbaro, o al menos tiene una remota idea. ComoArrodilláos ante el maestro, zorras todas las ideas generalizadas y que todo el mundo tiene, esa idea probablemente sea una imbecilidad completa.

De hecho, esto no pretende ser un ensayo sobre el personaje y su mundo. Lo siento mucho, pero eso no es lo que Rapunzell pidió. Ella preguntó sobre por qué me gusta tanto Conan. Y de ahí el título del post.

Conan es un personaje que puede parecer superficial, y con razón. Mucha gente piensa en Conan como una montaña sanguinaria de músculos, con una espada ensangrentada y una tía más o menos en pelota (a veces más de una) abrazada a las piernas. Por tanto, no hay nada que sacar de ahí, es sólo literatura de entretenimiento, ¿verdad?

Mierda para eso.

Yo contacté con Conan de una manera que supongo debió ser común en la gente de mi edad. Primero la película, luego los tebeos, y por último las novelas (y éstas relativamente tarde). Siendo que era pequeño, me impresionó. Profundamente.

La fantasía es algo que he amado desde pequeño, desde que recuerdo. Esto conduce inevitablemente a un gran pesar en mi alma, porque el 90% de lo que se hace en fantasía es una mierda de proporciones bíblicas. Incluso desde peque era consciente de ello, porque la mayor parte de la fantasía en cine o literatura que se hace es tan imbécil que hasta un crío de unos 8 años como yo tenía cuando vi la peli se da cuenta a poco que se esfuerce. Conan fue diferente.

Lo primero que ves es la oscuridad. Entonces se escucha una ronca voz de anciano, cuyo mensaje entiendes gracias a los subtítulos (yo tengo 8 años, no sé inglés):

Between the time when the oceans drank Atlantis, and the rise of the sons of Aryas, there was an age undreamed of. And onto this, Conan, destined to wear the jeweled crown of Aquilonia upon a troubled brow. It is I, his chronicler, who alone can tell thee of his saga. Let me tell you of the days of high adventure!

Entonces el fuego entra en escena, con la banda sonora más alucinante que he escuchado en casi 30 años de escuchar música como un loco. Durante los siguientes 129 minutos yo conozco el éxtasis más completo en mi corta vida (aún no había leído El Señor de los Anillos). Todo es enorme, todo es ciclópeo: los edificios, los paisajes, la banda sonora, las pasiones de los protagonistas, la cólera, el amor, la sangre, todo es mayor que la vida y a una escala que no he vuelto a ver hasta la trilogía de Peter Jackson. Todo importa.

Cuando acabé de ver la película algo era distinto para mí. La película me enseñó algo, qué coño me enseñó un montón de cosas, tantas que he tardado la mayor parte de mi vida en digerirlas hasta poder entender y decir “Joder, por eso me gusta tanto.”

Conan vive en un mundo que es inclemente, como lo es el nuestro. No hay dioses, y si los hay les importamos una maldita mierda. Como en el nuestro. ¿Qué puedes hacer en un mundo así?

Apretar los dientes y pelear.

Luchar con uñas y dientes para llegar a lo que deseas. No hay más destino que el que tú te forjas, siempre hay una posibilidad en la hora más negra. Nada puede detenerte, si has comprendido cuál es el Secreto del Acero, ese secreto por el que Thulsa Doom acaba con la aldea de Conan y con todos sus habitantes al principio de la película.

Thulsa Doom: ¡Eso es fuerza, muchacho! ¡Eso es poder! ¿Qué es el acero comparado con la mano que lo maneja? ¡Mira la fuerza de tu cuerpo, el deseo en tu corazón, yo te dí todo esto! Qué desperdicio. Medita sobre esto en el árbol del dolor. Crucificadle.

No hay nada más fuerte que tu voluntad. La voluntad puede doblegar al acero. Nada es imposible para nosotros, “ni Dioses, ni Gigantes, sólo Hombres,” le dice su padre a Conan al hablarle del Secreto del Acero.

Conan es crucificado. Conan no lloriquea a su padre gimoteando acerca de por qué se las ve tan negras. No se deja colgar de la cruz como una absurda bandera de carne de la debilidad. Conan resiste animado por la pura voluntad de vivir, mata a dentelladas al buitre que acude a devorar su carne, y resiste sin más propósito que el de luchar… hasta que es rescatado.

Conan me enseñó que el sentido de la vida no se encuentra en la paz, en la mirada serena de un niño ni gilipolleces por el estilo. Me enseñó a mirar al mundo en toda su sangrienta gloria, a aceptar que la vida es sangre, sexo, sudor y dificultades, y a verlo como algo hermoso. A aceptar que el mundo está lleno de dificultades y adversidades, y que nuestro propósito es vencerlas.

General Hyrkanio: Hemos ganado de nuevo. ¡Eso es bueno! Pero temo que mis hijos jamás lleguen a comprenderme ¿Qué es lo mejor de la vida?
Guerrero Hyrkanio: La estepa abierta, un caballo veloz, un halcón en tu puño, ¡ y el viento en tu cabello!
General Hyrkanio: ¡Mal! Conan, ¿qué es lo mejor de la vida?
Conan: ¡Aplastar enemigos, verlos destrozados, y escuchar el lamento de sus mujeres!
General Hyrkanio: Eso está bien.

Conan me enseñó que el mundo no está ahí para satisfacernos, que nada está garantizado más allá de lo que podemos conseguir con nuestro esfuerzo.

Subotai: ¡Comida… COMIDA! No he comido en días.
Conan: ¿Y quién dice que vas a comer?

Y que no debemos tomarnos en serio a nosotros mismos, como cuando Conan encuentra a Subotai encadenado en el exterior de la cabaña de la Bruja. Somos hombres, no somos tan importantes.

Subotai: Dame comida, para que tenga fuerza cuando lleguen los lobos. ¡Dejame morir en combate, no de hambre!
Conan: ¿Quién eres?
Subotai: [se levanta de un salto] ¡Soy Subotai! ¡Ladrón y arquero! Soy un Hyrkanio… ¡la gran orden de Kerlait!
Conan: ¿Y qué haces aquí?
Subotai: [levanta sus cadenas] Soy cena para lobos.
[Ambos se ríen]

Y nunca confíes en los dioses. Nunca te ayudarán, sólo te dejarán en manos de sacerdotes corruptos o malvados. Nunca te dejes esclavizar por reyes ni religiones.

Conan: Crom, nunca te he rezado antes. No sirvo para eso. Nadie, ni siquiera tú, recordará si fuimos buenos o malos. Por qué luchamos o por qué morimos. Todo lo que importa es que hoy, dos se enfrentan a muchos. El valor te agrada, Crom, así concédeme esta súplica. ¡Concédeme la venganza! Y si no me escuchas, ¡VETE AL INFIERNO!

Subotai: Eh, viejo, ¿dónde conseguiste estas cosas?
El Brujo: Los muertos… nuestros dioses están complacidos contigo, observarán la batalla.
Conan: ¿Van a ayudarnos?
El Brujo: No.
Conan: Bien, pues díles que se quiten de enmedio.

No somEsto es cine y no Almodóvaros nada trascendente. No tenemos derecho a nada más que lo que podamos lograr. No somos el centro del Universo, ni gusanos que han de arrastrarse frente a ningún dios. Pero somos libres, y mientras tenemos aliento podemos luchar.

Conan: Para nosotros no puede haber primavera. Sólo el olor limpio del viento antes de la tormenta.

Luego vinieron los cómics, y saber más, y las novelas, y maravillarme de la capacidad de un escritor tan minusvalorado como Robert Howard (claro que con la vida que llevó es difícil tomárselo en serio). Pero la semilla estaba plantada, y conocer más del personaje y de su mundo no hizo más que aumentar el cariño que siento por el personaje y por el género.

Podría sintetizarse (dentro de lo sintético que puede ser un chorizo como este) en que Conan me enseñó a vivir libre y con dignidad. Nada menos.

Así que tanto si la habéis visto como si no, ya sabéis por qué Conan significa tanto para mí. De modo que a pillar la edición especial in-me-dia-ta-men-te. Eso sí, huid como la peste de la patética secuela de mierda que es Conan el Destructor. Yo la tengo únicamente por coleccionismo friki absurdo, y el otro día tras volver a verla en casa Barbián casi tiene que reanimarme por el choque.

Espero haber respondido la duda de Rapun. Próximo tema: el humor, lo que nos hace reír y por qué (por Andy). Dejad vuestras peticiones, y el Emperador os contestará.

Imperator fuera.

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