Es un hecho conocido que la teoría y la práctica a menudo difieren. Pero muchas veces hay que preguntarse por qué sucede esto. Sobre todo si queremos mejorarlo.

El mundo está lleno de gente que te dice lo que deberías hacer. Por otro lado, esas mismas personas a menudo lo incumplen sistemáticamente. ¿Falla la teoría? ¿Falla la práctica?

No falla ninguna de las dos cosas: fallan las creencias de las personas sobre la teoría y la práctica.

La idea más extendida es que es bueno tener una teoría, porque las cosas no han de hacerse a lo loco, sino con una idea que sirva de guía. Por otro lado existe la idea de que es normal no llevar la teoría a la práctica porque claro, es que esas ideas están bien en la teoría pero en la práctica… En la práctica hay muchos más factores. Están las circunstancias.

De modo que tenemos dos ideas aparentemente contrarias que se solventan mediante un malabar de falsa lógica: las circunstancias. Cómo detesto cuando la gente alude a las circunstancias. Cómo me disgusto conmigo mismo cuando recurro a ellas.

Cuando yo trabajaba como clínico, el proceso que seguía consistía en analizar la problemática del paciente, presentar un modelo explicativo del problema de modo que el paciente supiera qué le pasaba y por qué, y finalmente, trabajar con el paciente un programa de acciones para tratarlo. Sota, caballo y rey.

En el momento de empezar a poner en práctica las técnicas que había enseñado al paciente, 9 de 10 veces me encontraba con esto:

Iba a hacerlo, pero es que sucedió que (sustituir por lo que más rabia te de)

La malvada circunstancia asoma su faz, y golpea con una botella rota a la persona para impedir que haga lo que sabe que tiene que hacer. Seguro que la circunstancia lleva un pasamontañas. Cuando le preguntaba al paciente: “Bueno, ¿y por qué no lo intentaste a pesar de ello?” solía recibir una mirada de asombro, y un “Es que eso en la teoría está muy bien, pero luego…” Oh, omnisciencia bendita del paciente, que sabe que una teoría no funcionará sin ponerla en práctica. Si yo tuviera esos poderes mágicos, mi vida sería más fácil.

Pero es que en mi actual trabajo me pasa igual. Todo el mundo se llena la boca hablando de la importancia de la gestión de los RRHH, y las teorías al respecto les parecen pelotudas. Acordamos una serie de medidas para gestionarlos más eficazmente. Las medidas no se implementan en el departamento de Ventas. El diálogo es más o menos éste:

  • Imperator: ¿Qué problema has encontrado al aplicar las medidas?

  • Jefa de Ventas: Bueno, es que sobre el papel lo que propones está muy bien, pero luego en la práctica eso no es tan sencillo. Seguro que va a traer un montón de problemas.

  • I (suspiro interior): Puede que tengamos que solucionar problemas mientras lo aplicamos, pero ¿qué es lo que te parece que hay que mejorar del proyecto?

  • JV (empieza a alterarse): Si el proyecto está muy bien, lo que pasa es que luego a la hora de aplicarlo va a dar muchos problemas, y sobre el papel todo es muy bonito, pero luego hay que cumplirlo.

  • I (con humor): Te juro que no lo entiendo. El proyecto, ¿está bien o no?

  • JV (ojos desorbitados): Sí, sí, está muy bien, la idea es muy buena.

  • I: Pero no lo has puesto en marcha, porque hay problemas con su aplicación que no conocemos porque no lo has empezado a aplicar. Además, la idea es buena pero a la vez tiene problemas.

  • JV (nerviosa, alterada): Es que las cosas en la teoría no son lo mismo que en la realidad, en la realidad las circunstancias son diferentes.

  • I (flemático): Creo que voy a dispararte en la cara.

Vaya vaya. A lo mejor lo que sucede es que tu natural pereza ha ganado una batalla más en el largo y penoso frente que es tu vida. Y no es penoso porque te dejes llevar por la pereza. Es penoso por la parte en la que te engañas y tratas de engañarme.

Sucede en todos los ámbitos. Me sucede hablando de rol. Me sucede cuando veo a la gente hablando sobre relaciones sociales, vida en pareja, política, religión, o cualquier tema imaginable. Por todas partes.

A mi alrededor pasa continuamente, oigo a gente dar consejos que no sigue. En ocasiones lo hago yo, pero me he puesto las pilas con eso y me vigilo mucho. Imagino que al final todo se reduce a que la mayoría de gente simplemente son adversos a un pensamiento más racional y más científico: probar las teorías a fondo. Es más fácil aceptar o descartar ideas sin cuestionarlas, sin probarlas.

Soy consciente de que no digo nada nuevo aquí. Sin embargo me parece crucial destacarlo: cada vez que estéis a punto de decir “Lo que hay que hacer aquí es…” paraos a pensar un segundo si vosotros lo hacéis en primer lugar. Y si no lo hacéis, callad la puta boca y esperad a hacerlo verdaderamente. Entonces, armados con la experiencia, dad vuestra opinión, que estaré encantado de oírla. Pero mientras tanto, por favor, ahorradme la fatiga de oíros decir cosas cuando mi experiencia con vosotros me dice que no las cumplís.

O si no hacéis caso, no os sintáis heridos si os disparo en la cara.

Imperator fuera.

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