++++ Anoche Rapunzell y yo celebramos la festividad del solsticio de verano. Le prendimos fuego al cuarto de baño. Dado que las chicas estaban de farra y no llegaron hasta muy tarde, no se llevaron ningún susto, ni hubo situaciones embarazosas. True Pagan Style Celebration, people.

Nuestros antepasados sabían un huevo de algunos temas.

++++ Ayer también reflexioné sobre la cuestión que da nombre al post. ¿Quién tiene el poder sobre ti? ¿Lo tienes tú? ¿De verdad?

Ayer hablé con una persona que se sentía herida por mi. Según decía, mis afirmaciones y conducta en este asunto que empezó con la discusión sobre agnosticismo y otras milongas similares le habían herido. En particular, esta persona se sentía muy herida porque no veía por mi parte voluntad de entenderle, sentía que mi postura era inconmovible.

Lógicamente eso es un error. Bueno, son varios errores, pero sólo uno es relevante a lo que quiero comentar. El error de que no hay por mi parte voluntad de entenderle es el fundamental, porque es también la causa de su enojo. Es una falacia común, muy común, el suponer que, entre amigos o gente que se aprecia, si no hay acuerdo es porque no se han comprendido las posturas. Que todos, en el fondo, somos buena gente, y por tanto, si rascamos lo suficiente y tratamos de comprendernos, acabaremos por llegar a la capita de chocolate que llevamos dentro, y el sabor será maravilloso (esta imagen del asunto es de Rapunzell, ojo). Pero la realidad, esa señora con tan mala prensa, nos demuestra justo lo contrario.

Es perfectamente posible que yo comprenda y entienda tu postura, y que a pesar de ello, siga sin estar de acuerdo, o me importe un peo de mona, o me siga dando asco. Por ejemplo, uno de mis pacientes abusaba sexualmente de su hija de 3 años. De 3 añitos. Yo comprendía por qué hacía eso. Entendía perfectamente por qué él sentía esos deseos. Y me seguía pareciendo una postra trastornada y reprochable. Pero le entendía. Entiendo a los nazis, y creo que actuaron de la forma más coherente posible con sus desquiciadas creencias, pero siguen siendo unos monstruos. No, comprender no equivale a estar de acuerdo, en contra de la idea común.

Y eso me llevaba a preguntarle una cosa:

– ¿Por qué es tan importante que yo no te entienda, o que yo no esté de acuerdo con tu opinión?
– Porque pensarías de mí cosas que no son ciertas.
– Euuhhh…. ¿y qué?
– … (mirada en blanco)

Veréis, si el quid de la cuestión es esta afirmación: El agnosticismo es una postura insostenible lógicamente, y sus autoproclamados practicantes no pueden seguirla coherentemente, y esta persona se define como agnóstica, entonces esta persona deduce (con un razonamiento correcto), que yo opino que su conducta es incoherente con lo que dice. Pero él está firmemente convencido de su agnosticismo por lo que yo pienso algo erróneo sobre él. Y eso le causa sufrimiento.

Daros cuenta de la cuestión: lo que yo pienso le causa sufrimiento, malestar o preocupación. Lo que yo pienso le causa dolor. Qué idea tan espantosa.

Yo no quiero ese poder. ¿Por qué dais a otras personas ese poder? ¿Por qué dar a otras personas el poder de hacernos sentir bien o mal? ¿Qué clase de vida es esa?

Mucho antes de los psicólogos, un filósofo llamado Epicteto declaró que las cosas y personas no tenían el poder de ofendernos, o de hacernos sentir de ninguna manera. Lo que nos hacía sentir de este u otro modo era la interpretación que hacíamos de esos sucesos. Uno elige enfadarse o no, entristecerse o no, reírse o no, pero nunca es causado por otra persona. Esa afirmación es tan potente y está tan contrastada que forma la base de la psicología moderna, y está en el fondo de la mayoría de explicaciones sobre las emociones.

La frase tan común de "Me has hecho sentir mal" tiene la misma racionalidad y es tan cierta como "Has usado tus poderes mentales para activar los centros de sufrimiento de mi cerebro, haciéndome sentir triste y dolido". Estaremos de acuerdo en que esa idea es de lo más cañí. Por esa lógica, yo debería ser capaz de provocar orgasmos en las mujeres a mi alrededor sólo con hablar con ellas. A lo mejor es que no lo intento lo bastante.

Sin embargo, esta sandez de idea es, como tantas otras, un lugar muy común. Estamos firmemente educados en la idea de que no tenemos control de nuestra vida, especialmente de nuestras emociones. Las emociones según parece están divorciadas de nuestros pensamientos, lo cual no puede ser más falso. Nuestras emociones derivan de cómo decidimos pensar acerca de las cosas que nos pasan, no al revés. Cuando pensamos que otros nos pueden hacer sentir de este u otro modo, les damos el control de nuestras emociones, y de nuestra vida.

Piénsalo tío: imagina que de verdad eres agnóstico. Pero de verdad de la buena. Sin embargo, yo estoy convencido en base a la observación de tu conducta de que no lo eres, de que funcionalmente eres ateo. Mi creencia sería errónea. ¿Y qué? ¿Por qué eso te hace sentir mal? ¿Dejas de ser agnóstico por eso? Un ejemplo más extremo: tú tienes un coche negro. Yo digo que eso no es verdad, proque no lo he visto nunca. ¿Y qué? EL coche sigue ahí, no se desvanece por mi incredulidad y mi escepticismo. Sin embargo, te parecería una cuestión grave que no lo creyese.

++++ Todos dicen que les da igual lo que piense la gente porque es lo que está de moda, y es muy cool decirlo. Preguntad a cualquiera, es muy difícil encontrar a alguien que afirme lo contrario, que lo importante es lo que piensen los demás. Pero cosas como estas demuestran que, a menudo, preferimos dejar que sean los demás los que controlen nuestra vida a través de sus opiniones, que nos hagan sentir de esta o aquella manera, porque así tendremos una excusa para poner cuando hagamos algo que, en realidad, no queríamos hacer.

The Imperator has left the building

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