++++ Esta batallita se publica por petición de Pucela en el blog de Fantine. Tiene que ver con el acoso en las escuelas y colegios. No creo que sea muy ilustrativa, ni creo que, como sugerías, debas tomar nota de esto para tus hijos, pero ahí va.Yo siempre he sido un chico muy delgado y poco impresionante en el físico. También he tenido un acné bastante extremo a partir de los 13 años. Y he tenido la misma capacidad para el sarcasmo que ahora (hoy sólo soy más refinado), además de ser un tipo bastante empollón. Podemos ver que era muy poco popular en el cole. El caso es que en el colegio (en el instituto me fue muy bien) yo tenía un mote, como todos: Cara de Cabra era el más común, otros eran menos imaginativos. Bastante gente me detestaba, lo cual estaba bien, ya que yo detestaba a la mayoría de pijorros y retrasados que compartían prisión conmigo.

El caso es que me daba igual, y en general no respondía a las provocaciones de gente que despreciaba como perfectos retrasados. Más que nada, porque las pocas veces que respondí me llevaban a ver al director, más o menos por daños morales al otro chico. Pero nunca nadie me partió la cara. No sé por qué, porque todas las explicaciones que se me han ocurrido requieren un mayor nivel de experiencia social que el que podíamos tener nosotros.

++++ Un día, sin embargo, la cosa se puso peligrosa. Por mi culpa, en realidad. Estábamos entre dos clases, y unos cuantos decidieron meterse conmigo. Para elo, se juntaron 4 ó 5 en corro a mi alrededor y empezaron a balar como cabras. Sí, así de patético era, porque algunos se ponían a cuatro patas y daban brinquitos. Como cabritas, ¿sabéis? Y me entró risa. Empecé a reírme abierta y descaradamente de ellos, y poco a poco se fueron callando, a medida que en sus cráneos de neandertal entraba la idea de que ese no era el efecto deseado.

Nunca se me ha olvidado la escena que siguió.

El más gordo y tonto de ellos (por tanto, el líder), me pregunta que qué pasa. Yo le contesto que me recuerdan a un retrasado que vivía en la escalera de abajo de mi casa, pero dando más pena porque el retrasado no daba saltos. El gordo se enfada, me da un empujoncillo en el hombro y me dice que al menos no es una cabra con la cara llena de granos. Y me molestó un montón. Me molestó aquel facha hijo de papá, racista con 12 años, falso creyente, y que metía en su fofo buche todo lo que yo despreciaba.

Así que le miré a los ojos, y le dije con una sonrisa (recordad que yo tenía como 13 añitos): "Tú me llamas Cabra. Pero aquí el único cabrón que hay eres tú, que has heredado los cuernos y los balidos de tu padre, el que acabó pillando leucemia de la vergüenza de haber tenido un bastardo tan mierda como tú."

Su padre había palmado el curso anterior de leucemia. Me di la vuelta, y empecé a recoger mis cosas.

El gordo se enfadó, me giró violentamente, y aproveché el giro para empujarle con fuerza. Trastabilló dos pasos atrás, y me dí cuenta cuando me miró que me iba a hacer polvo. Y nadie Iba a mover una pestaña por mí. era mucho más fuerte y gordo que yo, y tenía a sus amigos.

Así que cuando el gordo se vino para mí, agarré la silla del pupitre y se la rompí en la cara. Literalmente. Y, de la misma forma que le pasa a Ender en la novela (cuando leí la escena en la ducha me dejó desencajado la similitud), pensé que si no hacía un escarmiento ejemplar, sus amigos me matarían en cuanto se les pasara el pasmo. Y además, que me iban a matar igual, así que me los iba a llevar aullando al infierno conmigo.

Le dí dos veces más mientras estaba en el suelo sangrando mientras a sus colegas les duraba el pasmo, y luego me puse a hacer molinetes con la silla hasta que llegó el profesor, para que no se acercaran. Ninguno lo intentó. El gordo perdió 3 dientes y la nariz se desparramó por su cara, aparte del estropicio que el aparato dental le debió hacer.

Hubo mucho revuelo, claro, pero el hecho es que el gordo y sus amigos me tenían rodeado, ellos tenían cierto historial de abusar de la gente, yo era buen estudiante (aunque ya era "problemático"), y me limité a negar como un hijo puta que hubiera dicho nada de su padre. Simplemente repetí esa trola y me aferré a ella como a mi vida, que el gordo y sus colegas fueron a por mí por las buenas. Nadie se sorprendió. Al año siguiente empezaba el BUP, por lo que me fui de aquel colegio de curas de mierda a un instituto, y me lo pasé mucho mejor desde entonces.

++++ He vuelto a ver al gordo dos veces en mi vida. Las dos veces se cambió de acera o salió del pub a escape al verme. No me siento orgulloso ni feliz. Por gente que conozco del colegio y que siguieron allí, sé que la vida del gordo se fue bastante a la mierda. No me alegré de saberlo.

++++ Supongo que el tema del acoso se solucionó. No volví a escuchar el mote nunca más, en los más de seis meses que duró el curso. No pretendo que fuera una buena solución. Sólo me enseñó cosas. Me enseñó lo mucho que era capaz de aguantar, lo mucho que podía sacar de mí en una situación así. Me enseñó de qué era realmente capaz, para bien o para mal. Una parte de mi estaba horrorizada, y otra reconfortada por el hecho de saber de que al menos tenía cojones para defender mi propia vida. A través de esa horrenda manera, descubrí por primera vez que era libre, porque no había forma de obligarme a hacer nada, porque nunca aguantaría nada ni un segundo más de lo que realmente estuviera dispuesto.

Pero hubiera preferido no tener que hacerlo así. Aunque sea extraño, me arrepiento más de lo de la leucemia que le dije, que de usar una silla en mi defensa.

++++ Aquí tenéis el relato, Pucela y Fantine. Espero que os sea útil.

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