Aunque pueda parecer otra cosa, este post está dedicado con mucho cariño a mi amiga Tindriel, que ejerce una profesión por la que cada día siento más desprecio. Qué pena que tus colegas no sean como tú.++++ Cuando yo era más pequeño, mi abuelo nos contaba a mí y a mi hermano historias de sus vivencias de la Guerra Civil, y de los demas sucesos históricos que ha presenciado. En sus 94 añitos ha visto 2 Repúblicas en España, una Guerra Civil, una dictadura, sin contar 2 Guerras Mundiales, la Guerra Fría, el ascenso y la caída del comunismo, naciones que se liberan de sus metrópolis coloniales, y un salto tecnológico que apenas puede comprender. Los coches han pasado de ser extrañas novedades a una parte normal de unos sistemas de transporte que hacen que todo esté ahora al alcance de la mano. El mundo entero se ha transformado en algo distinto de lo que él conoció.

++++ Desde muy joven, he pasado una enorme cantidad de tiempo siguiendo las noticias (cosa que ahora no hago). Al principio no las entendía, y me parecían balbuceos incoherentes (tenía 3 – 4 años). Ahí estaban todos esos nombres graciosos y extraños lugares que encajaban en una especie de conspiración que estaba tan fuera de mi entendimiento que ni siquiera intentaba sacarles algún sentido. En un cierto momento, empecé a comprender y a juntar las piezas, desarrollando una noción del mundo más allá de la pequeña Granada. Podía señalar los países en el mapa y decir "aquí es donde está ocurriendo esta masacre. Aquí inventaron la pizza". Pero en los últimos tiempos me doy cuenta de que las noticias tienen menos y menos sentido, y están volviendo a ser balbuceos incoherentes. No creo que me esté volviendo más tonto.

++++ No se trata del estado de los medios de comunicación, que desde siempre ha sido malo y simplemente sigue empeorando. Se trata de los sucesos que ocurren en el mundo. La Historia se despliega frente a mis ojos y significa cada vez menos para mi. Simplemente no tiene nada que ver conmigo. Se eligió un nuevo Papa el otro día, y todo lo que se me ocurrió fue: "Ese tío se parece a Aníbal Lecter. Espero que también coma gente." Entonces me di cuenta de que probablemente devore la sangre y el cuerpo de Cristo en la forma de vino y pan mágico de iglesia, o alguna chorrada similar. Acompañados de algunas patatas fritas y salsa para mojar, ese pan y ese vino probablemente serían un complemento perfecto para una tarde desperdiciada viendo alguna cutre telecomedia americana con risas de lata que me indiquen cuando tengo que divertirme, y me ahorren el esfuerzo de decidirlo. La Historia ha ocurrido, y la he olvidado en 5 minutos, pensando en un mal chiste.

++++ Naturalmente, el nuevo Papa no iba a ser un asunto de gran trascendencia para mi, puesto que tengo tanto interés en la religión como en dar a luz analmente a un payaso de metro y medio. Pero esto es parte de una tendencia: las cosas de "gran importancia" pierden rápidamente todo significado para mí. Todo se vuelve ruido de fondo, y una parte de mi se pregunta si eso es bueno. Vi el 11-S en la TV mientras estaba ocurriendo, y luego presencié una semana de continua e inacabable cobertura informativa de lo mismo. Contemplé como los medios no aflojaban la presa, incluso después de haber dicho todo lo que era humanamente posible decir al menos un millar de veces. Al principio estaba asombrado, porque joder, uno no se puede creer eso con facilidad, los EE.UU. bajo ataque y tal. Pero enseguida el asombro pasó, y lo único que quería era que las noticias volvieran a la normalidad, y que la gente dejara de agitar banderas y pedir sangre, porque todo se estaba volviendo ridículo.Una nación entera fantaseaba con águilas llorando, y violencia contra todo y todos, y aquello resultaba cada vez más inquietante, sobre todo por el hecho de que yo, en ese importante día, estaba en el gabinete rodeado de pacientes y psicólogos asustados por la inminencia de la Tercera Guerra Mundial o algo así, y yo sólo pensaba en que tenía que tomarme un café con Elvira un rato después.

También viví el 11-M, y lo viví muy de cerca, porque sucedió en la ciudad en la que vivo. ¿Y sabéis qué? Que a la semana estaba igual que con el 11-S. Deseando que dejaran de dar el coñazo.

++++ El tiempo siguió transcurriendo, y empezaron a surgir sucesos inspirados en el 11-S (y por supuesto, gente haciendo pasta con eso), de la misma forma que las gasolineras surgen en las autopistas. Sin ninguna razón clara, la poderosa Alianza de EE.UU llenó un desierto de más minas y proyectiles que granos de arena había allí. Iraq fue volado en pedazos aún más pequeños que la última vez. Esto también lo vi – y aún hoy lo vemos – por la TV. Recuerdo todas las agónicas horas pasadas viendo con desgana a los soldados cuerpo a tierra en la arena, siendo molestados por un corresponsal que llevaban incrustados, para que le explicaran a millones de espectadores en todo el mundo por qué estaban todos tirados en la arena. Nada de eso ha tenido el menor impacto en mi vida. Lo único que de verdad no ha tenido precedente es la cantidad de veces que los medios han hecho hincapié en que la cobertura informativa no tenía precedentes. Es como si los medios informativos estuvieran más impresionados consigo mismos que con la historia de la que informaban. Pero la verdad, no les he hecho ni puto caso. Estaba jugando al ordenador o a la consola, o a rol, o leyendo, o haciendo cualquier cosa menos prestar atención, mientras Bagdad saltaba por los aires.

++++ Cuando algo ocurre, no sólo se hace una noticia. Tenemos expertos con opiniones en blanco y negro que nos dicen qué tenemos que opinar y cómo hemos de sentirnos. Los deportes tienes expertos que nos dicen qué ha ido bien, qué ha ido mal, y por qué este o aquel equipo están en crisis; ahora, el resto de noticias se hacen igual. La única diferencia es que nos dan mierda en vez de estadísiticas. Hay gente con intrincados conocimientos de estadísticas – deportivas o de las otras -, pero que no tienen ni idea de nada práctico que hacer con ellas. Podría echárselo en cara, pero realmente sé más de la política de la Tierra Media de lo que sé ahora mismo del mundo real. Ya no necesitamos pensar por nosotros mismos, porque algún periodista nos dará una opinión prefabricada. Ya no somos parte de la historia, porque dejamos que nos la cuenten, que moldeen nuestras perspectivas sobre el mundo y por tanto, sobre la historia.

++++ Mis abuelos podían contarme dónde estaban cuándo ocurrió un suceso histórico, y hacer que sonara profundo. Podían contarte cómo vivieron la Guerra Civil, cómo pasaron la posguerra, creando un vívido retrato de un mundo que ya no existe. No me imagino mirando atrás dentro de 50 años, y tratando de contarle a alguien lo que hacía mientras se hacía historia. "Estaba jugando a rol, y me importó una mierda" no parece una respuesta aceptable. Aunque desde luego es mejor que, "Oh, sí, me la estaba pelando cuando eso ocurrió, pero acabé a tiempo de ver la repetición en las noticias de la noche." Basándome en lo que me contaban mis abuelos, la Historia parecía algo que le proporcionaba a todos una única y poderosa experiencia. Ahora no parece interactiva, parece más una película o un vídeojuego al que le hemos quitado los mandos. Avanza, y nosotros la seguimos, pero rara vez tenemos un papel en ella.. Lo máximo que podemos esperar es dejar una señal en la memoria de la gente, como la soldado americana de Abu Ghraib que se fotografiaba con los presos, que será una pútrida nota a pie de página durante un largo tiempo.

++++ Las fuerzas que hacen avanzar la historia están podridas. Les dimos el control para ahorrarnos el esfuerzo de participar en el gran juego, para ahorrarnos las decisiones difíciles. Cuando nuestros líderes nos fallan, no suelen sufrir consecuencias porque es nuestra culpa, nosotros les elegimos y les permitimos hacerlo. Cierto, hay gente decente haciendo cosas decentes, pero son pocos, y casi todo lo relevante que sucede en nuestro mundo ocurre porque nuestros estúpidos líderes lo provocan. Se supone que nos representan, pero no creo que entendamos la mitad de lo que hacen o por qué lo hacen, y nunca lo explican (o al menos no cuentan la verdad). Hombres que viven en mansiones están librando una guerra contra hombres que ahora viven en cuevas, y preferiría no tener que compartir el planeta con ninguno de ellos. No me identifico con ninguno de los bandos ni con las ideas que defienden, y sobre todo no me gustan los métodos. No me gusta que gente normal esté avivando un gran fuego, o muriendo por un chiste que ni siquiera comprenden. La Historia sigue adelante, y no tengo idea de a dónde va, pero visto los precedentes, preferiría no seguir con ella.

++++ Hubo un tiempo en el que quise ser periodista, porque quería contar la Historia y ser parte de ello. Era parte de mi deseo innato, y que nunca ha muerto, de contar historias, un reflejo de lo importante que eran los bardos antes, porque traían noticias de lejos y hacían a la gente parte de un mundo más allá de su aldea. Pero lo dejé cuando me dí cuenta de cómo los medios han prostituido la historia hasta tal punto que ya no me interesa, porque me han hecho ver lo poco o nada que tiene que ver con mi vida, lo nulo que es su impacto en mi existencia día a día, y el enorme desinterés en realidad nos produce, por mucho que finjamos que vemos las noticias "porque hay que estar informado de lo que pasa en el mundo". En realidad no nos importa una mierda, o al menos nos importa más lo último que nos vomite la prensa rosa, o si Ronaldo se opera de fimosis.

Supongo que debería daros gracias por abrirme los ojos. Pero eso también implica que hay sueños que no resisten el momento en el que adquieres lucidez. Así que me cago en vosotros por destrozarlos. Eso sí, al menos no me hundiré en la degradación mental que es el periodismo deportivo, o peor aún, llamarme periodista del corazón.

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