Acabo de leer esto mientras almorzaba en el tercer libro de la saga de La Compañía Negra, de Glen Cook, publicada en España por la Factoría de Ideas. Cosas como esta hacen que esta serie debiera ser obligatoria en los colegios, porque está sembrada de citas así.(Como referencia, el protagonista, Matasanos, habla con la Dama, que es el segundo ser más poderoso y malvado del mundo)

– ¿Existen los dioses, Matasanos? Nunca he creído en los dioses.
– No lo sé, Dama. Ninguna de las religiones que he encontrado tenía ningún sentido. Ninguna es consistente. La mayoría de los dioses son psicópatas megalomaníacos y paranoicos según la descripción de sus adoradores. No veo cómo pueden sobrevivir a su propia locutra. Pero no es imposible que los seres humanos sean incapaces de interpretar un poder tan superior a ellos. Quizá las religiones sean sombras retorcidas y pervertidas de la verdad. Quizás existan fuerzas que modelan el mundo. Yo mismo nunca he compredido por qué, en un universo tan vasto, un dios debería ocuparse de algo tan trivial como un ser humano.
– Cuando era niña…, mis hermanas y yo tuvimos un maestro
¿Debía prestar atención? Apuesten su dulce culo a que la presté. Era todo oídos, desde las uñas de mis pies hasta la cúspide de mi puntiaguda cabeza.
– ¿Un maestro?
– Sí. Argumentaba que todos somos dioses, que creamos nuestro propio destino. Que lo que somos determinará en lo que nos convertiremos. En un lenguaje campesino vernacular, todos nos pintamos en rincones de los que no hay escapatoria simplemente siendo nosotros mismos e interactuando con otros egos.

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