El Gobieno ha sacado una campaña contra el SIDA que se puede resumir como: Ten cuidado con quién te acuestas, que no sabes por dónde ha pasado. Así que ponte condón. Nada, sentido común y poco más. La campaña no está mal.

Por supuesto, los obispos se han puesto a berrear diciendo que cómo vamos a promocionar el condón, si no está científicamente probado que el condón evite la transmisión, y que con el condón te contagias igual.

Lo malo no es que lo digan aquí, en España, que es fácil pasarse eso por el forro porque sabemos que el porcentaje de fallo de los condondes es muy inferior al 2% (cosa que hacen las gran mayoría de católicos y religiosos de todos los pelajes). A fin de cuentas, los obispos no es que importen mucho en un país que, si bien recientemente, ha logrado aumentar la separación entre Iglesia y Estado. Realmente, me cuesta imaginar con qué cara los obispos, en un estado definido como laico, dicen que tendrán un talante negociador con el Gobierno. El Gobierno no tiene que negociar nada con vosotros, idiotas.

Lo malo de verdad es que luego va el Papa y dice esto en África. Y lo dice en sitios donde la gente no dispone de la información que tenemos aquí. Claro, la gente no se pone condón. ¿Pero alguien puede creerse de verdad que algo tan antinatural como una llamada a la castidad puede tener efecto? No. Por tanto, la Iglesia Católica contribuye a la propagación del SIDA (y otras enfermedades venéreas) en los países del Tercer Mundo sobre los que tiene influencia. No tengo la estadística de a cuántos se ha cargado. Cuánta gente ha muerto por no poder ponerse un preservativo.

Si alguna vez vuelven a gobernar, volveremos a la oscuridad, a la ignorancia. Volveremos a ser ganado acurrucado en las iglesias, suplicando por algo que nos salve de la oscuridad. Qué asco tan enorme que siento. Moriremos de enfermedades que no podremos aprender a tratar, perderemos todo lo que hemos ganado, seremos autómatas penosos.

Prefiero la muerte mil veces. Ave Imperium.

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