Vuelta al curro, tras un buen fin de semana. El viernes nada más que perrear y ver pelis con Rapun, y el sábado comer cosas indias/tailandesas/yo que coño sé pero llevaba curry en casa de Tindriel con más gente, y con su correspondiente sobremesa. Por la noche la mejor parte, que fue salir por ahí con Rapun los dos solos, por fin. Así que nos fuimos a un sitio muy majo de Lavapiés llamado La Farfalla a comer. Es una especie de italiano más canijo que mi salón, pero con una relación calidad/precio imbatible. La media hora larga de pasmarote hasta que nos sentamos valió mucho la pena. Rapun se quejó amargamente de haberse saltado la dieta un poco, pero es que todo estaba muy bueno. Y si no pides vino, como fue nuestro caso, cenamos los 2 como señores por 20 €. Y hablamos antes, durante y después de la cena. Mucho.

Como cenamos tarde, salimos después de la 1, y nos pasamos por algunos garitos del mismo barrio, que Rapun conoce de cuando vivía allí. Tras mirar alguno muy lleno y ruidoso, acabamos en otro sitio canijín y majete, que también me gustó bastante y me pareció muy razonable. El ambiente era más bien salsero en cuanto a música, y como todos los pubs que vimos, la pintura trataba de huir de las paredes. Pero estaba muy bien. Y hablamos y hablamos y hablamos.

Me encanta hablar con Rapunzell. No hay límites a lo que podemos hablar, ni en tiempo ni en diversidad de temas. Todo el que ha pasado más de 5 minutos en mi compañía sabe que rajo como una portera, pero eso no implica que me guste hablar ni de cualquier cosa ni con cualquiera. Para mi es muy bueno tener tanto de lo que hablar con mi pareja, y es bueno ver que podemos estar, a ver…, casi 7 horas hablando, y tener siempre algo que decirnos. Además de las babosadas habituales, claro.

 

Finalmente llegó el domingo, que dedicamos en su primera mitad a limpiar todos el piso como atareados enanitos, y a poner lavadoras una tras otra. Es alucinante la cantidad de ropa sucia que llegamos a generar. MaryJoe hizo por primera vez en su vida dorada, y estaba muy buena (la dorada… y ella también, claro), por lo que hay que quedarse con la copla para hacer otra vez. Y luego, con un cierto retraso gracias a la M30, empezamos la que iba a ser la sesión clímax/máxima tensión/horror supremo de la partida del Orient Express. Hombre, tensión hubo, para qué vamos a negarlo. Pero no salió todo como esperaba.

 

Los jugadores de rol a menudo son más sorprendentes de lo que cabe imaginar. Y a menudo te sorprenden con su inteligencia. La historia trataba de que los personajes tenían todas las piezas de un artefacto místico (una estatua) menos una, que obraba en poder de un vampiro que lleva todo el viaje siguiéndoles, esperando que reúnan el trasto completo para él. Una vez los personajes reunieron todas las piezas y el vampiro se hizo con la suya, era el momento de atacar a los personajes y hacerse con todo. El momento y lugar elegido era a bordo del Orient Express, cuando se dirigía de Sofía a Constantinopla por las montañas (estamos en invierno, las noches son largas y frías, y tal).

 

Pues el vampiro se comió una mierda. Como los jugadores se olían que el vampiro venía a por ellos, y que no se arriesgaría a atacarles en el hotel, se hicieron con plata para bañar algunas balas y unos puñales, se hicieron unas estacas de madera, y se subieron media producción búlgara de ajos al tren. Nada más subir colgaron ristras de ajos en puertas y ventanas, amén de reservar algunas por si acaso. Dado que eran ajos al natural, sin pelar, no huelen especialmente. Y el vampiro no podía entrar en los compartimentos porque no podía acercarse al ajo, que de hecho, le debilita enormemente. Como los personajes ocupaban los departamentos de 4 en 4, un par de intentos de hipnotizar a alguno para que abriera la ventanilla o la puerta fueron inútiles, porque si el personaje no lograba resistirse, los otros le sujetaban y le daban collejas hasta que se le pasaba la tontería. Y el vampiro venga a pasear por el pasillo del tren y a rayarles la cabeza desde el otro lado de la puerta, porque no podía hacer mucho más. Y el tiempo en su contra, porque tenía que lograr que los PJ le dieran la estatua antes del alba.

 

Hay veces que, cuando tienes jugadores listos, no hay nada que rascar. Encontraron la forma de hablar entre ellos sin que el vampiro les oyera: pasarse notas por entre las tablas que dividen los compartimentos. ¡Y se coordinaron para tenderle una emboscada al vampiro cuando se me ocurrió amenazarles con empezar a matar pasajeros si no le daban la estatua! Figuraos la jeta del vampiro cuando las puertas de 3 compartimentos se abren a la vez y le empiezan a llover balas y ajos como arroz en una boda! El vampiro se vio obligado a tomar forma de niebla para volver a su ataúd en el furgón de cola y regenerarse (aparte de que el follón atraería una atención que no le interesaba). Los jugadores, mientras, aprovecharon el tiempo para :

 

(a) Deducir que el cabrón se escondía en el tren, y dónde exactamente.

 

(b) Contarles a pasajeros y personal del tren una historia acerca de que les perseguían para matarles y que les habían intentado atacar a bordo del tren, que como se podía permitir esto, que les iban a denunciar… Total, que casi logran parar el tren (cosa que a los personajes les vendría bien).

 

Los jugadores se vuelven a atrincherar en el tren, y el vampiro vuelve a acecharles. Esta vez, se me ocurre que, ya que puede hipnotizar gente, entra en todos los departamentos del tren y obliga a todas las personas a quedarse quietas y calladas dentro de sus departamentos oigan lo que oigan. Con lo cual yo me froto las manos, pensando que podré actuar con impunidad. Pues no. Los jugadores probaron a dar voces de alarma desde dentro de sus compartimentos cuando el vampiro volvió a amenazarles con matar rehenes. En cuanto vieron que no venía nadie, decidieron que, si nadie les oía gritar, tampoco nadie iba a oír cómo disparaban. Salieron en masa, ajo en ristre, y la suerte acudío en auxilio de Jofan, que se libró de un zarpazo que habría podido ser fatal, mediante una de las peores tiradas de daño que he hecho jamás. Acto seguido, con otra dosis de suerte, volvieron a convertir al vampiro en niebla. Mientras se regeneraba en forma de niebla, logró hipnotizar a Cassandra y Rapun para que dispararan a sus compañeros, pero de nuevo hubo suerte y nadie salió herido. El vampiro huyó, perseguido por la mitad del grupo, mientras la otra mitad se atrincheraba en ´los departamentos (ya eran las 4 de la mañana en juego, 3 horas para amanecer).

 

Total, que llegaron al furgón de cola, repelieron al vampiro cuando les atacó, y encontraron el ataúd. Al abrirlo, sacaron la parte de la estatua que faltaba y dejaron un montón de ajos en su lugar, para que no pudiera volver a curarse. Mientras, el vampiro volvió a los departamentos, y se me ocurrió (al fin), que las paredes divisorias no estaban protegidas por ajos, con lo que el tipo entra en un departamento contiguo y traspasa la pared. Los jugadores estuvieron listos y lo bloquearon con má sajos hasta que llegó el resto y lo hicieron pulpa sanguinolenta, tras lo cual lo decapitaron. Jugadores 1, vampiro 0.

 

Y así una partida en la que yo pensaba que podía caer más de la mitad del grupo, fue una victoria completa. Por un lado me alegro, no me gusta matar personajes. Por otro… en fin, seré más listo la próxima vez. Muy divertido en cualquier caso.

 

Eso es todo por ahora. Ave Imperium.

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