La civilización moderna nunca nos deja tirados. ¿O no?

Pues hemos echado la tarde por alto. Como muchos sabréis, la luz se ha ido. Por lo que sé, ha habido un incendio en la subestación eléctrica de Méndez Álvaro, y estamos aquí parados. Lógicamente, cunden por ahí toda clase de especulaciones histéricas sobre las causas, el metro no funciona (sólo líneas 1 y 5), el tráfico es un caos, y volver a casa va a ser una simpática odisea. La gran ciudad es lo que mola.

 

 

 

Hace unos pocos años Peivol y yo vivimos un gran apagón que nos cogió en su casa. Como somos unos cachondos, se nos ocurrión que podía ser una buena ocasión para coger la colección de armas medievales de Peivol y salir a la calle para imponer un Nuevo Orden ante el Colapso de la Civilización. Sobre todo cuando vimos que llevábamos 2 horas sin luz, y que aquello no tenía visos de acabar pronto. Hubiéramos convertido el barrio en nuestro feudo privado.

 

No hay nada como un incidente que altere la rutina habitual para convertir a la masa en una turba de ratas histéricas. Mis compañeras de trabajo acaban de enterarse de que se están cometiendo numerosos robos por la zona de Méndez Álvaro, y que la poli se ha echado a la calle. Cada vez que pasa una de estas cosas, me pasman los resultados. A lo mejor tenemos un baby boom como en el Gran Apagón de Nueva York.

 

En fin. Me voy andando a casa. Deseadme suerte… y suerte al que se tope conmigo.

 

Ave Imperium.

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