El otro día estuvimos en el concierto de Nightwish + Sonata Arctica, bandas que si estás en el heavy te sonarán como una trompeta, y si no lo estás no te dirán nada. El concierto fue en la Cubierta de Leganés, y tuvo su cara y su cruz.

La cruz nos dió en la boca nada más entrar a la plaza, en la forma de una cutre fotocopia que anunciaba que el cantante de Sonata estaba malito y que los Sonata no tocaban. Lo cual para la gente que había ido al concierto fundamentalmente por ellos -MaryJoe entre otros – les supuso una patada en los genitales. A mí me la sudaba, porque los he escuchado poco, pero entiendo que pagar 24 € para ver una banda y no verla…

Si la organización, en la oronda forma de Rafa Basa, aka El Viejo Lobo del Metal, aka Buenobuenobueno, aka La Formación que nos Mola Mogollón (motes que Rapun y yo le fuimos poniendo), hubiera tenido más luces, habrían salido al escenario, habrían dicho la verdad (Nightwish no toca hasta las 11 y es lo que hay), y no shabrían pedido disculpas, animándonos a dar una vuelta, tomarnos algo o lo que sea. Y mientras, para amenizar la espera, habrían podido pinchar musiquita (presentada por el Abuelo Heavy), dar la oportunidad a los espontáneos de que subieran a marcarse un solo con la guitarra que el guitarrista de los Sonata proporcionaba, etcétera. Es duro y molesto, pero la gran mayoría del público se hubiera fastidiado, porque son cosas que pasan.

Pero lo que ocurrió fue que no nos avisaron de a qué hora tocaba Nightwish, sólo que Sonata no tocaría. De modo que, tras anunciarlo y que el resto de la banda diera la cara a pedir disculpas (bello gesto por su parte), empezaron a inventarse toda clase de paridas para matar el tiempo, intentando disimular que estaban haciendo tiempo. Y eso es lo que nos rayaba la cabeza: que nos tomen por retrasados. Porque somos capaces de entender que una banda no sale a tocar, y que la siguiente no puede o no quiere salir antes de lo previsto, pero no nos mamonées, Abuelo Gordo e Infecto del Metal. No saques a un niñato de 17 años tras otro a joderme la vida con sus imitaciones de solo de los Metallica o de Maiden. No pinches una canción tras otra de grupos que acaban de venir o van a venir de gira, porque eso lo puedo hacer en mi puta casa. Y sobre todo, ten la bondad, gordo de los huevos, de avisar de cuándo cojones salen los Nightwish para que yo pueda decidir si me voy a la barra a por una birra, sigo cogiendo sitio, o qué. Y luego no te quejes si la gente te dice hijoputa, o si te tiran vasos. Yo te habría tirado bolas de plomo.

En fin, a su hora (esto es, 2 horas de pie esperando) salen los Nightwish a escena entre llamas y humo. Y dieron uno de esos conciertos que hacen que te vuelvas fan de un grupo de una sola vez. Y si no que se lo pregunten a Rapun. Dado el hecho de que Tarja Turunen (la cantante) canta ópera, y los arreglos orquestales que meten en los discos, uno pensaría que perderían bastante en directo.

Postraos y adorad a vuestros nuevos dioses, pobres mortales

Un mojón pierden. Suenan aún mejor que en los discos.

Conciertos como este me recuerdan por qué me gusta tanto el heavy. Pocas cosas transmiten más fuerza, más pasión, y exigen más finura y destreza técnica. Y a Nightwish le chorrean esas virtudes. Así que durante una hora y media o así fui el tío más feliz del mundo, dando botes como un mono frito de anfetas y desgañitándome mientras MaryJoe y Dwymorwen (más una compañera de Kilmenir) se ganaban un buen dolor de cuello a base de dar cabezazos. Así sí, coño.

Esta noche las chicas se van a ver a Rammstein, que tiene una de las puestas en escena más brutales que he visto en un DVD. Pero cuando hubo que elegir si Nightwish o Rammstein, Nightwish ganó porque me gustan una pizca más y eran 12 € más baratos. Lo cual, lógicamente, no es óbice para que me joda un montón no verlos. Bueno, las niñas han hecho promesa en firme de volverme verde de envidia mañana contándomelo todo en detalle. Cabronas.

Por otro lado, Rapun se va con Tindriel a ver Mamma Mía!, el musical de bodas con canciones de ABBA. Eso no me da mucha pena, fuera de que vamos a estar separados: el musical en cuestión tiene 3 cualidades que bastan para que yo deteste la idea de verlo ni gratis. En primer lugar, es un puto musical. Todos sabéis que opino que los nazis les habrían causado más dolor a los judíos con musicales que con Zyklon B. En segundo lugar, trata sobre bodas, supongo que con toda clase de enredos gilipollescos y malentendidos mierdosos, inflingidos sobre la audiencia por un reparto que, independientemente de su calidad como actores, acaba pareciendo la obra de cursos de los más tontos de la clase de los subnormales. En tercer lugar, ABBA es un grupo que me gusta mucho, pero no es lo que digamos el súmmum de la música cañera y masculina. De modo que es razonable suponer que el azúcar y la melaza rezumarán hasta inundar todo el teatro. Y yo no soy diabético, pero el azúcar me cansa muuuuuucho.

Y en cuarto lugar (sí, sé que dije 3, denunciadme), musical + boda = Imperator flambeando a los asistentes con un lanzallamas en cada mano, poseído por el berserkgang. Mejor no voy.

De modo que me voy a Kinépolis a ver Resident Evil: Apocalipsis, que seguramente será un ñordo. Pero confío en que, al menos, sea un ñordo como la primera, que era muy divertida y estaba hecha con mucha convicción y creyendo en lo que hacían. Voy con Pavy, Titán y quizá Ivanhoe (aunque no sé, porque él ya la ha visto). Cuando menos nos reiremos un huevo, y no se puede subestimar la alegría de ver a la Jovovich retozando, zombie va y zombie viene.

Para matar zombies lo mejor es ir a la última moda de la Casa de Campo. Claro que sí.

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