No se le escapa a nadie que, como regla general y admitiendo las ocasionales excepciones, el mundo está regido por alpargateros. Cuanto más asciende uno en el organigrama de cualquier lugar, sea gobierno, empresa, o asociación, uno encuentra a menudo que los puestos superiores están ocupados por tontos de las pelotas, incompetentes, y demás ralea. Lo más importante no suele ser el rendimiento o la eficacia, sino el parecer ocupado, o el dar la impresión de tener mucho estrés.

 

 

En mi último post, os contaba que he dejado mi anterior trabajo por uno de técnico de selección que debía empezar el lunes. Pero esto no va a suceder porque he sido despedido antes de ser contratado. Lo cual no deja de ser inusual.

 

 

Escena: Viernes pasado, 17:20. La terraza de un bar frente a la Estación Sur de Autobuses. Acabo de recoger a Peivol y Elvira que llegaban de Granada, y suena mi móvil. Resulta ser de la empresa que me ha contratado. Esa mañana había hablado por teléfono con la chica que me seleccionó, y me ofrecí a enviarles por mail los datos necesarios para el contrato: DNI, nº de Seguridad Social, datos bancarios y eso. Así que les mandé el mail, tras aclararles que lo enviaba desde mi correo personal.

 

 

En aquel momento no caí, pero el mail llevaba adjunta una firma automática, que consistía en una cita de Oscar Wilde. Esa cita ha motivado que un señor me llamara para decirme que eso bastaba para desestimar mi candidatura. Según él, un mail es algo tan serio que hay que mirarlo 40 veces para asegurarse de lo que pone, y que la cita no le parecía seria (hay que hacer notar que el tío pensaba que Oscar Wilde era un grupo de heavy). Yo le pedí que reconsiderara la decisión puesto que la firma automática no se ve (lo cual me impidió darme cuenta de que la adjuntaba), y el hecho de que me parecía desmesurado que se rechazara al mejor candidato que tienen por algo que atañe a su correo personal. Pero para ese héroe de la literatura es evidente que una cita de un poeta es suficiente para catalogar como poco a un candidato a un puesto al que:

 

  1. No has visto en tu vida, ni has entrevistado, por lo que no tienes idea de su capacidad.

  2. Eso sí, la responsable de la selección te ha dicho que es el mejor candidato que tienen de largo (y aquí cito literalmente lo que la chica me dijo para ofrecerme el empleo).

  3. Muestra su disposición a trabajar contigo abandonando un trabajo anterior cómodo y bien pagado.

 

 

 

 

Por supuesto, cuando le hago notar que he dejado el trabajo en el que estaba para irme a currar con ellos, y que me está dejando en paro por una firma en un mail, me contesta:

 

Bueno, tú estás trabajando de freelance ¿no?

 

 

 

 

 

Hay que ser tontopollas. Lo primero es que he dejado el proyecto a medias, quedando además bastante mal con la empresa que me cogió. Lo segundo es que a este mongolo le debe parecer que a los freelance les cae el curro de lo alto con poner la mano. Un poco como diciendo: Como eres freelance no tienes que pagar alquiler ni otras cosas. Esta es la opinión de una persona que se denomina a sí misma como serio y exigente.

 

 

 

 

 

Y así me quedé, compuesto y sin curro. Con el móvil en la mano, la cara desencajada por la sorpresa y mis mejores amigos, que venían a celebrar este fin de semana que me había salido del paro con cara de hechos polvo. Esa misma tarde lo contaba con unos amigos de esta gente del país vasco, ambos trabajando en banca, y ninguno de los dos se lo podía creer.

 

 

 

 

 

Y ahí llegamos al quid de esta entrada. He tratado de encontrar algún sentido a esto, de modo que quedara claro que lo de la firma era una excusa para encubrir algún motivo que pudiera entrar en mi cabeza. Y lo que más me aterroriza es que realmente ese puede ser el verdadero motivo que necesita un soplapollas para descartar al mejor candidato entre 120, para un puesto que has de cubrir con una urgencia suma porque es para el mayor de tus clientes, que me has contado que estás a punto de perder porque el volumen de trabajo que os encarga os desborda. Y ese tío dirige una sucursal de una multinacional. ¿Cómo se come eso?

 

 

 

 

 

¿Cuántos kilómetros de polla ha tenido que comer ese tío para llegar ahí? ¿Qué clase de vida laboral se puede llevar en una empresa dirigida por un obsesivo de mierda como ese tío, pensando si te despedirá por algo que tiene la misma relevancia para tu desempeño en el trabajo como el color de los ojos de tu novia? Como me dijo Íñigo, el chico que curraba en banca (dirigiendo una oficina):

Al menos agradece que no vas a tener que trabajar con ellos. Figúrate de la que te has librado.

 

 

 

 

 

Y tiene razón. Pero eso no quita que aún me dure el pasmo, y que me pregunte si, algún día, seré capaz de encontrar un trabajo por cuenta ajena en el que no esté dirigido por gilipollas, dementes o tontos de baba. Desde luego, desde que me fui del gabinete de psicología (donde mi jefa era un modelo) para venir a Madrid a entrar en el mundo de las empresas, no he hecho más que rozarme con la anormalidad y la estupidez más flagrante y mugrienta. Por muchas corbatas que le pongas.

 

 

 

 

 

Sólo espero que esa empresa alcanze pronto el destino que merece con semejante gestión, hundiéndose en una fosa séptica donde merecen estar todos los mamaleches que cofunden la exigencia con la obsesión-compulsión, y la seriedad con comportarse como un gilipollas.

 

 

 

 

 

NOTA: Cuando estuve haciendo una entrevista en julio para otra empresa, hice las pruebas con otra chica a la que luego vi por las oficinas de esta empresa el día que me entrevistaron. En las pruebas se negó a hablar mal de la empresa en la que estaba, pero dijo que le urgía mucho dejarla y encontrar otro curro. Creo que me hago cargo de por qué.

 

 

 

 

 

Por lo demás el resto del fin de semana muy bien, gracias. No pudimos ir al cumpleaños de Eärendil, lo cual lamento mucho. A Rapunzell, eso sí, el curro le sale por las orejas. Se va a hinchar de ganar pasta, y posiblemente acabe palmando de éxito, lo cual no es mala forma de irse despues de todo.

 

 

 

 

 

Incrédulamente

Ave Imperium

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