Nada como un fin de semana en la costa para volver a sacar ese espíritu latino que me chorrea a veces por el cogote para acabar formando un charco en la rabadilla. Y hemos pasado ese fin de semana cortesía de Tindriel y Athair, que nos han invitado a pasar el fin de semana en Mijas-Costa, que no es lo mismo que Mijas-Pueblo, o que Mijas-Chalet, ya puestos.

 

El jueves fue el día que salimos, y fue un día muy movido. Me llamaron para una entrevista de trabajo y yo no sé negarme a mis fans, así que fui. De modo que Rapun y yo montamos el dispositivo que sigue: preparamos las maletas la noche anterior (me dan las 3 de la mañana jugando a la Dreamcast), Rapun me lleva a la entrevista a las 11:30, y una vez salga nos vamos a Méndez Álvaro para tratar de coger el autobús de las 13:00 rumbo a Málaga o Fuengirola o sabe Dios.

 

 

El hecho es que conseguimos hacer las maletas, y llegar a la entrevista. Lo malo es que tardaron en atenderme porque la chica que me entrevistó me estuvo sonsacando un rato sobre la primera empresa de RRHH en la que curré, y luego me contó un poco sus cuitas. Total, que salimos más tarde de lo esperado. Como nota al margen, una camionera (bueno, una conductora de furgoneta) me piropeó a gritos por la ventanilla de su cacharro. Qué cosas.

 

 

En cuanto Rapun me recogió me miró con sus ojassos y me dijo: "¿Cómo ves lo de cambiarte en el coche?" Y allá que nos vamos como las balas tratando de aparcar por la estación Sur a base de fe. Y la fe fue recompensada, porque aparcamos justo tras los multicines de allí, donde procedí a cambiarme dentro del coche, para que pudiéramos dejar el traje y los zapatos dentro del maletero. Todo ello con una obra en la acera de enfrente, y los obreros muy interesados en ver lo que estabámos haciendo dentro del coche.

 

 

Y perdimos el autobús. Llegamos 10 putos minutos tarde, así que hubo que coger el siguiente a las 14:30. Aprovechamos para papear algo (bendita Rapun que lleva sandwiches y comida güena), y nos metemos en el autobús más bonito y moderno que he visto en bastante tiempo, conducido por un psicópata al que Rapunzell apodó el Guillotinador.

 

 

Veréis, debía ser su primer viaje. Y al compadre se le veía buen chico, en serio. Pero es que se le ocurrió cerrar la puerta de los equipajes sobre la cabeza de una chica, que estaba junto a Rapun tratando de meter las maletas, y Rapun dando voces y haciendo gestos al tío por el retrovisor: "¡Quilloooooo, para, paraaaaaaa!" Y el nota que al final se le ocurre mirar el espejo y para la puerta. Menos mal.

 

 

Luego nos subimos al bus y nos acomodamos. Los autobuses deben salir marcha atrás. Este no lo sabía. Pegó un empellón a los topes de contención, y luego, colorao como un tomate, sacó el bus mientras Rapun y yo empezábamos a agobiarnos. Seriously.

 

 

Y así empezó un coñazo de viaje de casi 7 horas en el que estuve a punto de marearme porque, cuando cambiamos conductores a medio camino, Guillotina fue reemplazado por Schumacher, con unas curvas y unos bandazos que hacían de verdad útil el cinturón de seguridad que llevaban los asientos (que, por otro lado, me cortaba las entrañas).

 

 

Cuando llegué a Málaga, estaba un poco malito. Rapun durmió algo y llegó mejor que yo. Athair estaba en un estado de erección porque Tindriel le acababa de regalar una preciosa espada corta de la película Conan el Bárbaro, y se pasó toooodo el fin de semana limpiando la hoja. Nota de Rapun: Qué majo que es. Nos fuimos con ambos para Mijas, que está un poco más allá de Fuengirola, tan cerca que se puede ir andando de una a otra.

 

 

Y allí empezó nuestra felicidad. La casa de la señora madre de Athair es cojonuda. Está en una preciosa urbanización, con unos jardines que hicieron que Rapunzell entrará en un éxtasis orgiástico comparable a una aparición mariana en un convento de clausura. Por lo menos se pasó el fin de semana hablando de los 2.000.000 de plantas que reconocía, lo cual siempre es mu bonico. A mí la verdad es que el sitio me moló mil. La primera noche nos dedicamos a hincharnos de comer, jugar al Guillotine (fantástico) y al Chez Geek (altamente recomendable). Yo me bebí 2 litros de cerveza on my own, por lo que rápidamente sentí la llamada de Morfeo. Por supuesto, Morfeo se fue a tomar por culo porque yo tenía entre manos los dos manuales que llevo esperando desde agosto: The World of Darkness y Vampire: The Requiem, traídos por Athair desde Chicago. A ver si este chico se anima y escribe la plastoserie. De modo que, como podéis suponer, tenía material para leer. Dios bendiga a White Wolf.

 

 

El caso es que al día siguiente nos levantamos a desayunar como a la 1 y media de la tarde, y Tindriel fue a pillar cosas para el desayuno. Nota de Rapun: Qué maja que es. Athair nos preparó un desayuno a la irlandesa, lo que significa que nuestras arterias y venas tienen colesterol como para que a nuestra muerte se pueda hacer mucho tocino con lo que salga de ahí. Mucho. Pero era necesario, porque el día fue largo y movido. Mención aparte merece la vecina del apartamento de al lado, una inglesa con 700 años en cada pata que nos obsequió con el repugnate espectáculo de su topless canceroso. ¿Por qué digo esto? A mí me da igual que una señora haga topless tenga la edad que tenga. Pero si hubiérais visto esas tetas llenas de manchurrones requemados con parches de piel blancuzca desperdigados por medio, arrugadas, caídas, y cada una mirando en direcciones del espacio contrapuestas… Brrrrr, pierdo cordura sólo de recordar.

 

 

Para empezar, fuimos al parque acuático que hay en Mijas. No es tan grande como el de Madrid, tengo entendido, pero íbamos con la intención de estar ahí a partir de las 3, porque la entrada bajaba un 40% de precio. Como el parque cerraba a las 6, había 3 horas que aprovechar a tope. Y lo hicimos, vaya que sí. Es cojonudo siempre hacer el ganso como los críos, y más cuando lo haces en remojo. A destacar como estrella de la fiesta "el donut doble". Consiste en una rampa por la que te tiras montado con otra persona en una especie de flotador doble, de modo que los dos van como en el bobsleigh, los dos en fila, y coge unas velocidades que te cagas. Hay momentos en los que tu vehículo va por la pared del tubo, no por el suelo, y parece que te vas a salir. La cuestión es que nos gustó tanto que el tío que vigilaba la atracción se partía el culo cada vez que nos veía aparecer entre la nube de críos guiris gordos y blanquecinos. Porque esa es otra, allí no había más que guiris. De hecho, Rapun y yo estuvimos a punto de asesinar a la versión infantil de la salchicha peleona, un tontopollas saco de bacon inglés, que no podía esperar a que nosotros entráramos en la rampa detrás de Tindriel y Athair, de modo que se coló a lo bruto. Con tan mala fortuna para el tonto de las pelotas que se pegó un panzazo en la rampa, y se cayó del flotador, por lo que íbamos siempre a punto de atropellarlo, con el riesgo para el crío (que casi se ahoga) y para nosotros, que también pudimos volcar. Y Rapunzell venga a decirle "cógete aquí, anda". Como si el niño (a) pudiera oírla y (b) hablara español. Si llego a ser yo el que va delante, me lío a darle patadas en la boca hasta ahogarlo. Eso si no le da por merendarse el pie, que tenía pinta de que en su casa no hay cubo de basura porque se come hasta los platos de loza. Mierda de comida inglesa, digo yo. Por fortuna, llegó al fin del trayecto sin matarse, pero tuvimos que subir otra vez para compensar que nos había estado frenando.

 

 

Tras ello nos fuimos a comer a un Burger King, donde comprobamos que los hijoputas en la costa se meten a gerentes de restauramtes para guiris en vez de contrabandistas (eso lo dejan para mafias de países tercermundistas) o bandoleros (esos regentan restaurantes de carretera, como luego vimos). Para que os hagáis una idea, los precios eran entre 0'5 y 1 euro más caros ¡que en Madrid! Menos mal que había una oferta del 50% por no se qué pollada que nos arregló la merienda.

 

 

Luego nos fuimos a la playa cercana al apartamento, a la que se accede por el túnel de una mazmorra: lo digo en serio. El túnel mide 1'70 en su punto más alto, porque los hijoputas que estudian arquitectura y hacen esas cosas no parecen considerar que la población comprende gente que mide más de eso. El túnel era húmedo, sucio, la pintura se caía a cachos y además, con lo bajo que era yo andaba como el puto Igor, el criado de Frankenstein, algo así como una versión en bañador del Jorobado de NotreDame (o Nosferatu, según Rapunzell), pero sin gárgolas gilipollescas y canciones de mierda. Eso sí, la playa impresionante, y el agua estupenda. Además, la arena bastante bien, y como estamos fuera de temporada alta, no había casi nada de gente, con lo que…

 

 

Esa noche nos fuimos a beber a la playa, y lo pasamos muy bien. Pero estábamos muy derrotados, porque en el parque nos dimos un gran tute.

 

 

Al día siguiente sesión de playa, sesión de piscina tras la playa (que para eso la teníamos debajo del balcón), y muchas preguntas acerca de por qué nuestra vida era tan dura y tan estresada. Y luego nos fuimos a cenar a una pizzería que nos dio una grata sorpresa en cuanto a cantidad, calidad y precio. La pobre Tindriel se indigestó un poco, una pena.

 

 

Y el domingo limpiar, recoger y largarnos. A la vuelta paramos, justo tras Despeñaperros, en un restaurante que demostraba mi teoría de que los legendarios bandoleros no han desaparecido: simplemente montaron bares de carretera de modo que nunca puedas encontrar un sitio de camino donde comer barato y eso. Son la jodida Mafia de la Patilla, y si no os lo creéis comprobad que siempre hay un tío patillón a lo Curro Jiménez por ahí, tomando cañas. Ese tío es el representante del gremio, que vigila que los precios no bajen a niveles legales. Sólo así se puede explicar que por una mieeeeeeeerda de bocata de jamón ibérico te pretendan cobrar 7 putos euros. Y sin mamada ni ningún otro extra. Claro, es más elegante. En vez de trabucos y navajas de 7 muelles, te cascan los precios populares aprovechando que no tienes, de todos modos, ningún otro puto sitio al que ir. Este es un fenómeno que he visto mil veces, pero ahora me apetecía comentarlo. ¿A quién no le ha pasado alguna vez?

 

 

Ahora que hemos vuelto del relax, Rapun y yo nos estamos olvidando de la paz. Está el perenne estrés de luchar contra los frillones de cosas que atestan esta casa, que parece que no vamos a acabar nunca de sacar trastos. Además, ya hemos empezado a mirar pisos, y hay candidatos muy interesantes. Espero que al menos eso se solucione pronto, porque estoy hasta más arriba de la punta de la polla de la vida trashumante. El trabajo empieza este jueves, y me va a complicar un tanto las cosas porque he de viajar mucho pero, chicos, el alquiler y esos lujos se pagan. Lo que me hace falta ahora para que todo sea redondo es que me salga un currete en/para noviembre, que es cuando acabo con estos cursos, de modo que ya me estabilize.

Y una última buena noticia, para acabar como a mí me gusta acabar: Peivol (sí, sabéis, mi mejor amigo) y Elvi (su novia y una de mis mejores amigas) nos van a honrar con su presencia este fin de semana completo. Estoy contentísimo. Sé que muchos de vosotros andaréis por Uthgard y otros lugares de mal vivir, pero espero poder contar con el resto para que los agasajemos dignamente.

 

 

Uf, qué chorizo de post. Pero al menos ya estamos al día. Eso es todo hasta dentro de un rato.

 

 

Ave Imperium

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