Una de las cosas buenas que tiene el ser un bastardo recalcitrante es que aporta una perspectiva diferente sobre la vida. Una de las cosas malas es que la gente que no tiene esa perspectiva puede sentirse herida o atacada por tu perspectiva. Sobre todo cuando la expresas (la perspeciva) de forma tan lírica como yo suelo hacerlo.

Esta elección sirve como filtro de soplapollas. Quiero decir, yo considero que el 90% de la especie humana se compone de retrasados. Eso no es nuevo. Por tanto, la mayoría de los soplapollas se quedan con que tengo una "puesta en escena" muy difícil, y no se preocupan de más. Me etiquetan como bastardo, y pasan de mí. Lo cual es guay, porque me ahorran su molesta presencia.

La gente más válida suele tratar de ver más allá. Cuando alguien hace un esfuerzo por conocerme, yo suelo corresponder haciendo un esfuerzo por sacar mi mejor parte. Esa gente, si todo va bien, pueden convertirse en amigos, palabra que uso en el sentido más restrictivo y excluyente.

El filtro no es siempre eficaz, claro. A veces se queda fuera gente que sería muy válida, porque me pillan en días especialmente feroces. Pero es un riesgo que me compensa asumir. Quedan fuera muy muy pocas personas válidas, y expulsa a la mayoría de soplapollas. A veces se cuela algún imbécil, pero eso es aún más raro. Y me preocupa aún menos, por la noción que tengo y que da título al post.

No me preocupa que se me cuele algún soplapollas, porque he descubierto que tenemos tanto control sobre nuestra vida como deseemos. Los recientes acontecimientos me han mostrado aún más cómo el preocuparse un poco de hacer las cosas bien acaba dando un resultado muy bueno, y sé exxactamente qué parte de mérito me corresponde.

Esta entrada se motiva por un comentario de Cassandra a mi anterior entrada. Y pretende darle ánimos, porque es una chica que vale, y es una de esas personas que, si todo sigue como hasta ahora, acabara siendo una gran amiga mía. Está preocupada por la reacción de personas de su entorno a algo que ella está haciendo. Y yo le digo que ella decide cómo y cuánto le afecta. Y que tiene el control absoluto de su vida, que nadie le puede quitar. Sobre todo porque si esa gente le molesta tiene la potestad definitva de mandarles a tomar por el culo imperialmente.

Niña, no dudes. Tu vida te va a salir tan bien como quieras. Tu vida te va a ir tan bien como decidas. Y estás en una cojonuda situación para empezar, maravillosamente acompañada en todos los frentes (sí, yo me incluyo ahí). Así que levanta la frente, aprieta los dientes y machácalos. Tu Emperador sabe que puedes.

Ya se ha dicho bastante. Ahora me voy a comer.

Ave Imperium

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