El sábado fuimos en masa (nunca mejor dicho, porque éramos un cerro) a ayudar a Tindriel en la mudanza de su casa. El plan era ayudar en esta empresa, y aprovechar la casa para hacerle una fiesta de despedida de soltero al Capi, que le pillara de sopetón y eso. Como el Capi es el Único Currante del Imperio, hubo que engañarle diciéndole que iba a ir a trabajar en la mudanza, porque claro, no hubiese venido a una fiesta… Así que le dijimos que su coche era imprescindible para la mudanza, y por ser trabajo, dijo que sí, que pasaría por la noche. Qué cruz de hombre, Señor.

Tras despertar temprano rodeado por mis amadas mujeres (Rapunzell nos hizo la gracia de dormir en el Palacio, y cómo no, durmió con nosotros, porque a todas las chicas les gusta dormir con su Emperador), nos pusimos en marcha dirección Atocha.Como éramos un montón los convocados, llegamos a las cercanías de Atocha cuando ya casi se había acabado todo, porque Beör, Tomber, Kilmenir, Fahss, Shelob, Athair, y Eärendil, amén de Tindriel (que me disculpe alguien si se me pasó su nombre) son gente eficaz y rápida. Sólo moví un poco un par de cajas, y el resto del tiempo lo pasé desayunando con la peña que sí había currado. No está mal, pero sinceramente, me habría gustado tener más que hacer. Adicionalmente, me entró un poco de morriña porque el ático-buhardilla de Tindriel estaba muy cerca del cuchitril donde yo viví al principio de venir a Madrid con la MaryJoe. Snif, la nostalgia. En esto que el Capi llama, en su línea homosexual habitual, para decir que se acaba de acordar de que ese ´día por la mañana tenía una boda, y que a lo mejor no podía ir a la "mudanza". Diría que me sorprendió, y mentiría como un bellaco. Por fortuna, logramos engañarle para que creyera que era imprescindible su presencia a las 9 de la noche. Encargamos a Cassandra además, la tarea de engañar más al Capi y ponerle pucheros para asegurar su presencia en el evento.

La cosa es que nos fuimos a Fuenlabrada a la nueva morada de Tindriel. Está protegida por poderosos encantamientos desorientadores que hacen que te pierdas sí o sí. Aparte del simpático hecho de que, como dice una exnovia mía que vive por allí: "A los de Fuenlabrada parece que no les gusta ser de la CAM, por eso no aparece Madrid en ninguna de las indicaciones." Alicia, cariño, cuánta razón tenías.

Rapunzell y yo nos perdimos por el polígono industrial del pueblo, donde lo más destacable es que encontramos un graffiti que consistía en una integral y un logaritmo neperiano. Graffitis culturales, te cagas. A Rapun le hizo mucha ilusión, por lo que le echó una foto. Al final, tras mucho preguntar y mirar el callejero que Rapun trajo previsoramente, llegamos a casa de Tindriel. Donde, gracias a que había 1000 personas ayudando, y que habíamos llegado tarde, ya estaba lo más gordo hecho, y lo cierto es que estorbábamos más que otra cosa.

Así que hicimos caso de la opinión de Tomber, que sí que curró como un león, y nos fuimos al bar. Oh, sorpresa. Donde nos hincamos una pila de cervezas en un plisplás, antes de que los padres de Tindriel nos arrancaran del bar – hubo que usar cizallas – para invitarnos a los 17 a comer en un mesón al lado. Por tanto, cuando hubo que subir a casa de Tindriel a seguir la tarea, Rapun (con sus martinis en el cuerpo), y yo (con mi hartá de cervezas) nos quedamos fritos como piedras, con la gente currando a nuestro alrededor. Parece que esto se convierte en un hábito. Tomber hizo abundantes fotos de mi imperial persona dormido, cosa que le agradeceré profusamente en cuanto pueda, porque, como todo el mundo sabe, al Emperador le encanta que le tiren fotos con el moco hinchándose y la babilla por las comisuras. Ya te pillaré.

Bueno, pues nos dispersamos para ducharnos y prepararnos para la fiesta. Y claro, Rapun y yo nos perdimos para salir, porque salir de Fuenlabrada tiene los mismos huevos que para entrar. Entre Eärendil, Rapun y yo no acertamos a la primera (ni creo que a la 5ª) a salir del puto pueblo, pero al final lo logramos. Dejamos al Marino en el Metro, fuimos a casa de Rapun a que ella se duchara y preparar una pancarta para el Capitán Napalm, y luego nos dimos cuenta de lo tarde que era y de lo inútil que iba a ser la pancarta. Y luego nos fuimos al Palacio Imperial, para que yo me duchara, y tratar de averiguar en un callejero cómo huevos se iba a casa de Tindriel. MaryJoe trató de explicarnos cómo se iba, porque Athe se lo había explicado a ella, y no me acordé de nada.

De modo que nos volvimos a perder, y en vez de a las 21:30, llegamos como pasadas las 23:00. El elegante retraso de las personas VIPs, vosotros sabéis. El Capi, que acababa de descubrir todo el tinglado que habíamos montado me saludó con una amigable tanda de golpes en el bazo, a lo que le respondí con una cariñosa sarta de rodillazos en la entrepierna. Después de todas las molestias que nos tomamos por él. Asqueroso.

La fiesta transcurrió como podría esperar: perfecta. Bebimos como locos, comimos bien gracias a la bendita provisión de Athe que se ocupó de comprar todo (por cosas como esas es un dios, ¿sabéis?), y en general fue la hostia de divertido. A eso de las 4 tocaba plegar porque a la mañana siguiente teníamos otra fiesta (ver entrada anterior), y no podíamos estar ni demasiado cansados ni demasiado resacosos. Con dolor y pena por dejar a gente tan estupenda, nos fuimos al Palacio a dormir lo que a mí se me antojó como un rato ridículamente corto. Eso sí, el viaje de vuelta fue más corto porque la Imperatrix Dwymorwen sí sabe salir de Fuenlabrada. Es un poder que tiene. Más maja…

En fin, Tindriel, visto lo visto, por mí puedes mudarte todas las semanas. En serio. Cuenta con nuestra ayuda.

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