Tras tocarme un rato los cojones y reponer fuerzas, estoy listo para contar alguna cosilla más, tal y como prometía en el post anterior. Concretamente, me agradaría relataros una simpática peripecia que nos aconteció a Dwymorwen (la Imperatrix) y a mí la pasada noche.

Por azares de la vida llegamos al Palacio Imperial provenientes de casa de Gorpik a eso de las 11 de la noche. Dwymorwen curraba al día siguiente, por lo que había que acostarse sin mucha tardanza. A ello nos disponemos, pues.

En esto que Dwymorwen cae en el simpático detalle de que tiene que tomar una pastilla muy importante, y que no tiene. Así que hay que ir a buscarla. Obviamente no va a irse a buscar sola una farmacia de guardia, por lo que cogemos la QDQ que tiene un callejero molón, y nos bajamos a la farmacia bajo el Palacio Imperial para ver qué farmacias de guardia hay en Alcorcón.

Te cagas por la pata abajo. Vivo en una ciudad que tiene más de 100.000 putos habitantes viviendo en ella. Es una ciudad de cierta entidad, no diría yo que se trata de un pueblo de mierda. Y no hay una puta farmacia de guardia. Las farmacias que hay abren normalmente de 9.30 a 13.45, y de 17.30 a 20.30. Cuidado con el esfuerzo, chicos, no os vayáis a hacer caca encima. Y los sábados abren de 10 a 13.45. No curran ni 4 putas horas los muy hijos de Satán. Joder. Parecen funcionarios.

Bueno, sí que había una farmacia, mira por dónde. En el centro comercial Tres Aguas. Eso, en castellano claro, quiere decir que si vives en Alcorcón, necesitas un medicamento con urgencia de vida o muerte, y no tienes coche, te dan por el culo cincuenta veces. Ya te puedes estar muriendo, que tienes que coger el coche y trasponer hasta un centro comercial que no está dentro de los límites urbanos propiamente dichos, para tratar de encontrar una farmacia. Esto sí que me mola. Incluso en Granada, que es considerada como un pueblo por los sofisticados urbanitas que pueblan estos pagos, puedes encontrar más de una farmacia de guardia, dentro de Granada.

Pero en Madrid la gente no se pone mala de noche. Y, evidentemente, todas las farmacias de este pueblo de mierda están dirigidas por un sindicato de funcionarios de ventanilla de los más nauseabundos, que han importado sus hábitos y horarios de trabajo de sus instituciones. Seguro que sí. Imaginad una cuadra de funcionarios a los que echaron por vagos. Fijaros si hay que ser vago para que los demás funcionarios te señalen con el dedo. Hay que ser más vago que el puto perro que tenía que sentarse para ladrar. Pues esos hijoputas son los que gestionan las farmacias en Alcorcón.

Bueno, como no tenemos otra, y se hace tarde, la Imperatrix y yo cogemos el coche para ir al Tres Aguas. Nuevo problema/reto/desafío: ¿cómo cojones se va al Tres Aguas? Bueno, pues llamamos a Rapunzell, le damos un susto (dormidica estaba, la pobre), y ella y Jofan nos orientan.

Inciso a petición de Rapunzell: Tras 30 segundos de berreo de la misma, aumento el detalle en este punto. Cuando llamé a Rapunzell lo hice desde el teléfono de Dwymorwen, y lo primero que dije fue: ¿Dónde hay una farmacia? Entonces a Rapun se le subieron las tripas a la boca de la congoja porque pensó que a Dwymorwen le había pasado algo grave (sabe Odín por qué), y se pilló un susto muy gordo con el que me ha estado taladrando la cabeza la mayor parte del día de hoy, en un intento vano y absurdo de que me sienta culpable o algo así por asustarla. A pesar de que le he prometido expresamente que cada vez que la llame mi primera frase será: Aquí no pasa nada, no se ha dado por contenta y me persigue repitiendo como un CD rayado la misma puta canción del susto. Estoy pensando buscar a la mafia farmaceútica de Alcorcón para robarles un cargamento de Lexatines y dárselos cada vez que la llame, para ver si pilla la indirecta. Agradezco la preocupación, pero no entiendo el por qué del miedito. Ni que cada vez que llamara a Rapunzell fuese porque ha pasado algo… como un despido, un accidente de coche, que estoy en Urgencias con gastroenteritis.

Bueno, mejor lo dejamos.

Cogemos el coche y llegamos en 0,2, aparco y nos metemos en el Tres Aguas. Terrazas, luces, música basura, gente de acá para allá… y la nueva pregunta me asalta.

¿Dónde coño está la farmacia aquí?

Nos acercamos a un mapa del centro comercial. Dejad que os adelante algo: siempre he pensado que en un mapa aparecen cosas que sirven para orientarse y saber:
(a) dónde estoy yo
(b) dónde está lo que busco

Pero el mapa del centro comercial Tres Aguas ha sido dibujado por el tonto de la clase de los subnormales. En serio. El retrasado al que los demás mongolos llaman Corky, y le tiran tizas y le pegan para quitarle el bocata. Pues a ese debieron encargarle hacer el mapa, por eso de la integración y la igualdad de oportunidades.

Pues menuda puta mierda de mapa. No puedes llamar mapa a cuatro manchas de colores en las que pone “Terrazas”, “Cine”, “Aparcamiento”, y otra chorrada más. Y por supuesto, algo tan útil e importante como la farmacia no aparece. Para eso podían haber puesto una foto de la tuerta de su madre guiñando el ojo bueno. Al menos echas unas risas.

En fin, que nos metemos para adentro, y somos sorprendidos por el insólito espectáculo de un ballet disfrazado de algo que pretende ser Wild West bailando hiphop en medio de una especie de plaza que tiene el centro frente a las salas de cine. Lo cual está de puta madre, porque todo el mundo sabe que fue Will Smith con ayuda de Jackie Chan el que colonizó el Salvaje Oeste, venció al Profesor Loveless, y aseguró la paz en la frontera. Y el centro de ocio Tres Aguas vende cultura a ritmo de Will Smith.

Tras buscar un poco y preguntar algo, descubrimos el escondrijo de la farmacia, que bien canija era. Por suerte, sí tenían la pastilla en cuestión, y fueron tan amables de no ponernos algún recargo por venderla de noche o algo así. Ya que estas farmacias están gestionadas por mafiosos, no me hubiera sorprendido. Y a fin de cuentas ya te hacen ese tipo de sablazos en cosas como las terrazas (otro día hablaré de ellas), cobrándote un suplemento por el esfuerzo extra que hace el cabrón del camarero para sacar la bandeja a la calle. Esos metros extra merecen cobrar el doble, chicos.

Al final, como dicen, bien está lo que bien acaba. Volvimos a casa bastante tarde, cenamos algo de prisa y Dwymorwen se metió rápido en la camita. Yo me quedé reflexionando, y la moraleja de la noche es esta:

Si venís a visitarme al Palacio Imperial en Alcorcón, no se os ocurra necesitar nada con urgencia por la noche (a partir de las 20.30). Porque como no tengáis coche, yo sólo podré cogeros la manita mientras agonizáis. Son las reglas de la Cosa Nostra. Para que luego digan que vivir en la capital tiene muchas ventajas sobre vivir en un pueblo.

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