Bueno, pues la vida sigue. Y en mi caso, sigue cambiando a toda mecha.

Ayer estuve recibiendo un curso de Gestión de las Personas en Central. Y me notificaron que cambio de lugar de trabajo. Lo cual en esta empresa suele implicar traslado de comunidad autónoma.

Me trasladan a Alcorcón. A unos 5 – 10 minutos en coche de mi casa. Soy un cabrón con mucha suerte. Paso de hacer 100 km en coche cada día, a hacer 3 ó 4.

Y digo lo de la suerte porque el mudarme allí implica un compromiso de la empresa de hacerme fijo en Madrid, con lo que ya no habría de temer traslados en el futuro fuera de la Comunidad, que es lo que me preocupaba de veras. Mientras el resto de managers en formación tienen asegurado por norma un traslado fuera de su comunidad de origen, a mí me van a hacer fijo en Madrid, porque mi desarrollo es más rápido que el de los demás managers y ha surgido la vacante en Alcorcón. En el 50% de tiempo, he hecho la misma cantidad de formación que los que van más adelantados, y además estoy en un régimen especial, porque vengo de RRHH, no de tiendas.

Me explico. Si tú eres comercial (o técnico, o lo que sea) y eres promocionado a manager de tienda en formación, tú sigues teniendo que hacer tu curro de comercial o de lo que sea, y además hacer la formación, que se lleva bastante tiempo. A medida que avanzas, vas asumiendo más tareas de manager y menos de tu puesto. En la práctica, muchos compañeros míos se acaban pegando jornadas de curro de 12 horas: mala planificación, entre otras cosas.

Como yo no vengo de tiendas, sólo me dedico a la formación de manager, una vez que pasé un poco de tiempo aprendiendo cosas básicas desde cero. Como no soy parte de la tienda, mi cuadrante es independiente del resto, con lo que podía pillar días libres, vacaciones y turnos como me viniera mejor (temo que esto último se acabe cuando me vaya a Alcorcón, porque voy cubrir una vacante y por tanto me meterían en los cuadrantes, aunque con la suerte que tengo, vaya usted a saber). Soy el manager en formación con más privilegios de toda la compañía, y una excepción al 90% de normas.

Me encanta ser yo mismo, qué queréis que os diga. Y es fenomenal sentirse tan querido como me sentí ayer, cuando di la noticia en casa de Rapun y Jofan a los presentes (ambos, Dwymorwen Imperatrix, Ivanhoe y Cassandra). Su reacción fue aún mejor noticia que la noticia en sí.

Y me viene bien el apoyo, porque hay cambios muy malos. Anteayer me llamó Peivol y me dijo que una amiga de Granada se ha tirado desde un 5º piso y se ha matado. Esta chica era una gran amiga de la novia de Peivol (que es una de mis mejores amigas), con lo que la pobre lo está pasando fatal. La chica tenía 30 años, y muchos problemas. Por lo que me contaron por teléfono, llevaba un último mes muy deprimida.

Vivir la vida requiere valor, porque como dice Rapun, la felicidad no es algo a lo que tengamos derecho, es algo que hay que luchar, porque lo único que tenemos como valor cierto es la supervivencia. A veces me pregunto si requiere más valor tirarse por la ventana y afrontar ese dolor y la incertidumbre del después que seguir viviendo una vida que nos parece insoportable.

No voy a juzgar – no soy quién – si el suicidio es una cobardía o un acto de valor extremo. No creo que ante la muerte esa distinción sea relevante, igual que todas las muertes me parecen igual de buenas o malas: el resultado final no cambia. Pero sé con certeza que echaré de menos a esta amiga.

Me falta la cualidad – esperanza, ingenuidad, delirio – de creer que después de la muerte hay algo. No lo creo, y la certeza de la nada no me asusta. Sé que un día desapareceré, y todo lo que hice y lo que amé nunca habrá existido. Y me parece bien. No me molesta que al cosmos no le importe si vengo o si voy, y que no quede nada de mí. Pero sí es cierto que me alegro y me honro de los momentos que compartí con ella, de su risa y de su alegría cuando estuve con ella. Mientras viva, llevaré eso conmigo y no desaparecerá. Pero un día el Emperador se irá, y mi luz se apagará para no existir nunca más, y todo lo que llevo conmigo, todo el cielo que tengo bajo los párpados se extinguirá con mi llama. Y después la noche sin estrellas y la oscuridad. Y después el olvido.

Todos esos momentos se perderán, como lágrimas en la lluvia.

Creo que somos chispazos de luz muy breve en una oscuridad infinita, tan enorme que no podemos abarcarla en nuestra mente y para la que no somos y no importamos. No hay ningún Dios benevolente y absurdo que nos vea brillar durante un instante antes de apagarnos y al que le importe lo que ha visto. Pero creo que estas chispas pueden encontrarse con otras, unirse, crecer, y crear un fogonazo de luz tan intenso que desborde el Vacío, hasta que por un momento no haya oscuridad y todo sea luz. Las personas a las que amo me hacen pensar y creer eso, y he visto muchas de esas; soy más viejo de lo que parece, en algunas cosas. Y sólo por esa certeza arderé como un millón de estrellas mientras me quede aliento, así me consuma mucho antes.

El mundo gira a toda mecha, y la vida es breve. Que no os falte el valor de disfrutarla.

Ave Imperium.

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