Este post es sobre el PJ de Ivanhoe. Es confidencial, pero quiero que la gente que lea la crónica lo sepa. Espero que no lo leáis, más que nada porque os joderíais una buena sorpresa. Sé que puedo confiar en vosotros. Respecto al resto, disfrutad.

Ivanhoe es un genio creando PJ. Eso se evidencia en cosas como este. Es una mezcla entre Rutger Haur en Furia Ciega y Paul Atreides en la tercera novela de Dune. Esta es su historia, así como la ha escrito él, copiada y pegada directamente de su ordenador.

– Ninro el Vidente, antes Duque Ninro Voashoon de Karlaak:Ésta es la historia de Nimrur Voashoon, el vidente del desierto, y cómo cayó en desgracia ante su pueblo, su rey y sus dioses. Dejad que los niños se marchen mientras nos reunimos en torno a la hoguera y permitid un trago a este pobre ciego para aclarar su garganta.

Todo comienza en el noble reino de Ilmiora donde Nimrur creció en el seno de una noble familia que rendía servicio y leal consejo al Senado. Sus padres eran buenos Senadores y su fortuna, creciente, por lo que de mutuo acuerdo se decidió que el heredero debía tomar en matrimonio a la hija heredera del poderoso clan D’ahaal de Bakshaan, llamada Railún, cuyo nombre sea maldito por cien veces. Pero joven y díscolo, Nimrur ya había elegido a una chica salvaje de un pueblo del Desierto de los Suspiros llamada Ca´h Ni. La unión se llevó a cabo de igual manera sin atenerse a ninguna de sus quejas y eso trajo pesar a su corazón.

Creyendo sus padres que esa relación se rompería al madurar los jóvenes, rompieron a llorar el día que ésta le dio su hijo primogénito y él, contrariado por la injusta boda a la que le habían arrastrado, lo bendijo y aceptó, dándole el nombre de Teol´h II, descendiente de su abuelo el duque Toel el Bondadoso, que se había retirado años antes a un monasterio en las montañas.

Durante un lustro la fortuna sonrió a los Voashoon y bendecidos por la felicidad, Nimrur y Ca´h Ni vieron crecer a su hijo fuerte y avispado. Pero algo le ocurrió al reino; Los Senadores de Karlaak empezaron a despreocuparse de sus súbditos, trayéndoles sombras y desdichas. Gentes extrañas llegaron a sus tierras y con ellas la muerte y la enfermedad, adquiriendo la ciudad una hediondez y un mal sabor que provocó la huida de muchos de sus habitantes. Los Voashoon trataron de solucionar la afección del reino acudiendo a su rey, pero él les negó su consejo puesto que parecía disfrutar de cuanto ocurría a su alrededor.

Intuyendo la inconsciencia del Senado, los padres de Nimrur hicieron llamar al consejo y discutieron si las familias ilustres debían o no, tomar alguna determinación. Al oír de la traición, Rohal llamó a sus soldados y repartió justicia entre los nobles, eliminando casas enteras sin prestar atención sobre la edad o el parentesco. Pareció que estuviese poseído por una locura asesina y mortal que le permitía hacer terribles prodigios, casi sacrílegos por su semejanza a la hechicería. A todo esto parecía Railún horrorizada y pidió ayuda a Nimrur. Creyéndole inocente le habló de la hégira que se disponían a tomar las familias supervivientes y la llevó consigo.

Años les costó la huída, pero al final consiguieron establecerse entre los pueblos del Desierto de los Suspiros, donde se había criado Ca´h.

Una terrible noche, no mucho después de su llegada tras una cacería, el fuego atravesó el rostro de Nimrur; un dolor mortal que le sumió en la oscuridad durante varios días. Al despertar, sus ojos ardían con intensidad y nada veía a su alrededor. Se los tocó y palpó de esa manera la cicatriz purulenta que le cruzaba el rostro. Gritó de frustración y miedo hasta que alguien acudió. Una voz conocida; la de su abuelo Toel.

Fue él quien relató la historia de la traición de Railún y de cómo ella le arrancó los ojos. De cómo trajo a las huestes de asesinos y muertos que caminaban en vida. De cómo acabaron con todo ser viviente y de la lluvia que ahogó a familias en la arena embarrada. De los despellejamientos de animales y nobles. Y de su dolor. Pero algo callaba. Nimrur preguntó por sus padres y Teol simplemente puso el anillo ducal en su mano. Preguntó por su hijo y Teol le abrazó. Preguntó por Ca´h y notó las lágrimas de su abuelo resbalando hasta él. Nimrur sólo lloró. Dándose cuenta de ello: aún podía llorar.

Durante días vagó por las calles ayudado por un bastón y oliendo la muerte. Los pocos supervivientes que salieron de sus escondrijos le murmuraron que los ciegos traían desgracia y su mente se ocupó en recordar a Railún, cuyo corazón albergaba negros celos y envidia por la dicha de su marido. Caminó hasta el borde del desierto compadeciéndose de su familia y de la desgracia que les había traído y una vez allí eligió seguir la tradición que una vez le enseñó Ca´h. Los heridos y a los ciegos eran entregados a las arenas en busca de su destino.

Anduvo hasta que perdió el sentido del tiempo, arrastrándose como un mendigo por pueblos y alimentándose de los restos que tiraban las caravanas a su paso por los senderos. Puede que años así pasaran. Y poco a poco perdió la esperanza de discernir su futuro.

Hasta que en una extraña hora que no pudo reconocer oyó un susurro proveniente del desierto y se adentró nuevamente en él, reconociendo en el viento la llegada de una tormenta. Furioso, fue hacia ella en busca de la muerte, perjurando y maldiciendo a los dioses y los hombres que le habían negado el sabor de la venganza y el descanso con sus amados. Tal era su odio que fue él quien embistió a la tempestad, y en su interior oyó voces, voces tentadoras que le hablaron de deseos y portentos. Las voces del Caos. Prestó atención y sonrió pues allí fue donde eligió.

Tras el paso de ésta Nimrur se levantó intacto, sucio y henchido de energía; Tanta como los retales de vientos y arena que ahora bailaban encerrados en las cuencas de sus ojos. Su destino estuvo tan claro y que le pareció mirar en derredor y ver donde se encontraba. Los seres de Caos del desierto sólo le habían advertido una cosa. A cambio de su futuro le habían quitado sus lágrimas. Y no debía intentar recuperarlas o desencadenaría la muerte y el dolor de todo aquel que le importara. Aunque eso no le afectó pues ya había llorado bastante y ahora únicamente le apetecía traer el infierno a sus enemigos.

Ese es Nimrur, el patrón de todos los ciegos. Se dice que sobrevivió a esa tormenta y que aún busca a su hijo raptado por la terrible Railún, en algún lugar de este cielo tan bonito que debemos tener hoy. No os preocupéis, ya he cenado, pero si me invitáis a otra ronda quizás os cuente la historia del Barón Rarkonnen, de cómo Nimrur le combatió para liberar a su pueblo y del odio mutuo que se proclaman.

¿Es o no es el puto Dios? Estos son los jugadores que tengo. Joderos de envidia y morid de dolor. En el próximo post pondremos qué tal la partida.

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