Bueno, amados súbditos, tras solucionar mis problemas con el calor previo desembolso de un dinero a los amables muchachos del taller que han recargado el aire acondicionado de la Carroza Imperial, sólo me queda encontrar la forma de quitarme la alergia para que mis pegas con el verano desaparezcan. Ahora mismo el picor en mis oídos y garganta, junto al moqueo, me recuerdan porque soy un ser decididamente invernal.

Lo cierto es que podría ser peor. Llevo padeciendo alergias desde los 8 ó 9 años, y cuando empezaron eran la hostia. Me acuerdo de que, además de tomar los medicamentos, 2 ó 3 veces a la semana teníamos que ir a que me pusieran unas inyecciones que me dejaban el brazo como una bota y dolían como el infierno. Menudos pollos liaba yo en las consultas. Mi pobre madre.

Un día se acabaron las inyecciones, tras varios años de dolor. Decidí que no iba a dejar que la alergia me jodiera más la vida, y empecé a hacerle el menor caso posible. Sólo me quedó tomar una pastilla diaria de un atihistamínico que, la verdad, no me suponía nada.

Y lo cierto es que parece haber funcionado, porque año a año la temporada de alergia se ha ido reduciendo en duración e intensidad. De empezar en Febrero, durar hasta Julio y casi incapacitarme, ha pasado a empezar en Junio, durar 1 mes o menos, y no molestarme más que un resfriado leve. Y este año no me estoy tomando la medicación (creo que el pasado tampoco lo hice) y la verdad es que me encuentro exactamente igual que cuando la tomaba.

Cuando estaba en la Facultad leí un artículo flipante sobrte el dominio que nuestro cerebro tienen sobre nuestro organismo, y lo falsa que es la diferenciación entre cuerpo y mente que tan común es por ahí. El artículo mostraba que se había podido lograr que un paciente de cáncer, mediante técnicas de entrenamiento en imaginación y visualización, lograra aumentar su nivel de glóbulos blancos en sangre en una tasa estadísticamente significativa, y además detener el crecimiento del tumor, para luego empezar a reducirlo, en una mejoría espectacular.

Supongo que es por eso por lo que me cuesta tanto tomar medicinas, y soy tan poco aficionado a nada que no sea un paracetamol, una aspirina o algo así de simple. La verdad es que con algunas enfermedades parece ser como decía Rapun con el calor: cuanto menos caso le haces, menos te dan por el culo.

Este ha sido el consejo del día de vuestro Emperador. Espero que pequéis un huevo contra los mandamientos de las principales religiones al uso. O sea, que os divirtáis.

Ave Imperium.

Anuncios