Es evidente que no se aplica mucha psicología a esto de las grandes tiendas. Me hago esta reflexión ahora, que no hay ni el gato en la tienda.

Y no hay ni el gato porque ES DOMINGO. El domingo después de la boda real de los huevos. EL DÍA DESPUES. ¿Quién fue el imbécil que pensó que sería un día de la hostia para vender?

Las cifras de negocio van bajando aquí a medida que se acerca el verano. Es normal, lo hemos visto en el informe de esta mañana. Abrir la puerta, el mero hecho de echar la persiana para arriba cuesta una barbaridad. Lo más probable es que hoy no hagamos una gran caja, aunque admito que me puedo equivocar. De hecho, es muy posible que los costes salariales, de luz, y agua de abrir hagan de éste un día de pérdidas – pero no importa. Si podemos arañar unos euros, lo haremos.

Por otro lado, a menudo parece que se diseñan estos centros para hacer a cierto tipo de gente (a mí, por ejemplo) la experiencia lo más aversiva posible. Es verdad que a mucha gente no le importa si le echan plomo fundido por la espalda, con tal de poder comprar lo que sea – la utilidad o necesidad es secundaria a la necesidad de tirar tu duramente ganada mierda de sueldo. Pero hay mucha gente como yo, que le cuesta trabajo la idea de comprar, y que necesitamos por ello muchos incentivos. Y los centros comerciales como éste en el que trabaja nos ponen muy fácil eso de decir: Después de todo, tampoco me urge tanto comprar eso…

Pensad en la perspectiva del cliente- borrego que viene en día punta (a menudo su sábado o domingo libre): atasco para llegar al centro, igual que cuando vas a trabajar. Una hora para intentar aparcar. Ya te has pegado 2 horas o más de coche para ir al megacentro comercial a dos pasos de casa. Podrías haber ido otro día, pero oye, sólo tienes un domingo a la semana para comprarte esa idiotez de IKEA que no necesitas y que es más fea que pegarle a tu padre con un martillo. Así que, en vez de quedarte en casa follando con tu novia, o ver pelis, o irte de cañas, o algo útil, te metes 2 horas en el coche, igual que cuando vas a trabajar. Tras dejar el coche, avanzas por entre la marea humana, paseando como un borrego sin rumbo fijo, con tu cerebro idiotizado por la marea de carteles. Eso, y porque has tenido que levantarte a las 8 de la mañana un domingo para estar en la puerta del centro a las 10, que luego se peta y no hay quien entre. Un domingo lo suyo es eso.

Empiezas a entrar en un sitio y en otro, maravillándote de las cosas que tienen y pensando cómo comprártelas con la miseria que pagar tus letras te deja de tu sueldo – hipoteca, coche, electrodomésticos y chorradas varias. Acabas entrando en sitios que no te interesan, “sólo por ver”, y pasas la mejor parte de tu vida siendo bombardeado por los éxitos de Radio Pachanga. Los que dirigen estos sitios piensan que a la gente le gusta pasar 10 horas seguidas escuchando la misma puta mierda de canciones basura, porque están de moda. Eso hace la experiencia más agradable. Ahora mismo suena en la tienda una basura llamada “As de Corazones” de un mamón llamdo Raúl. Los clientes tienen cara de tener orgasmos continuos, y aunque no os lo creáis, yo estoy eyaculando ante la exquisitez musical con la que la retrasada que pone la música me está deleitando.

Bueno, pues ya es la hora de comer: ¡cómo pasa el tiempo! Te metes en alguna de las franquicias que atestan el centro, donde optas entre comer mierda barata, o comida insultantemente cara. Como hay legiones de mongolos con la misma idea que tú, la experiencia se alarga, porque pedir es una odisea, hallar mesa otra, y comerte lo que te han puesto puede serlo también. Ya has comido (siempre tardas la mitad de lo que necesitaste para conseguir el papeo), así que no sabes que hacer con tu vida y sigues dando vueltas. Quizá hayas quedado con otra gente que no tienen nada mejor que hacer, y a alguien se le ocurre probar el cine. A estas alturas la música basura se ha hecho un chalé dentro de tu cerebro, y escucharás a Bisbal hasta en sueños toda la semana. De hecho,entras a ver la peli y de fondo sigue sonando “Bulería”.

Joder, ya es hora de irse. ¡Qué forma de pasar el domingo! En alguna parte de tu adormilado cerebro, una vocecilla llamada sentido común, a la que ignoras siempre que puedes, te dice que a lo mejor has desperdiciado el domingo, has malgastado un dineral, y tampoco te lo has pasado tan bien. Pero bueno, es domingo, así que tienes tiempo de meterte otra vez en el coche y corre a casa o al bar para acabar de pudrirte los restos de tu cerebro viendo el fútbol o alguna basura que pongan por la TV. Buenas noches, españolito medio, mañana has de ir a currar.

El capitalismo ha conseguido convertir la tortura china en ocio. Te cagas. No es que me parezca mal, porque me gano la vida con ello. Pero no deja de asombrarme la capacidad de nuestras mentes para convertir el dolor en placer. Viendo los centros comerciales, te das cuenta de que la evolución no siempre es para mejor. Cada vez nos vamos quedando más por detrás de los monos.

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