Mi padre ha sido una gran influencia en mi vida. No sé si buena o mala, pero desde luego es muy divertido. Digo que no sé si buena o mala, porque a la Imperatrix le entran ataques de pensar que yo pueda educar a los herederos del Imperio como mi padre me educó a mí. Pero mi Imperatrix a veces se altera en exceso.

Yo pasé mi infancia en un colegio de curas adoradores de Cristo. Sí, lo cierto es que sí. Mi padre dice que lo hizo porque el colegio estaba en la acera de enfrente de mi casa. Ahora yo creo que lo hizo porque eso le daba un montón de ocasiones de molestar a los curas.

Estando yo en 8º de EGB, decidí que sería muy buena idea vender dibujos pornográficos. No dibujo mal, y no se necesita ser un Da Vinci para saciar las ansias pajilleras de unos preadolescentes. Hacía los dibujos en mi libreta de cuartillas, y los vendía a 100 ptas de las de entonces. Algunas semanas me sacaba hasta 2000 pelas, lo cual me convertía en un capitalista.

La cosa es que los dibujos, obviamente, los hacía en clase. Y en una ocasión, el de matemáticas pilló a uno de mis mejores clientes con unos 10 ó 12 dibujos míos. Como éste era un empollón cagueta, las amenazas de acabar ahí su carrera académica hicieron que me denunciara en 0,2 segundos. Claro que eso no era necesario, porque los dibujos estaban firmados. Estaba muy orgulloso de esos dibujos.

El Cara Apio (no sé por qué le pusimos el mote) se fue donde yo estaba y me preguntó si los dibujos eran míos. Yo le dije que si no veía que estaban firmados. El hombre se enfadó (vete a saber por qué) y me llevó al despacho del director, que se agarró un globo enorme. El tío me llamó blasfemo, guarro, pervertido y todo lo que se le ocurrió. Lo entiendo, porque los dibujos eran harto bestias, la verdad. Pero el público era cada vez más exigente, y soy bastante mercenario.

Entonces el director llamó a mi padre al banco, y le dijo que viniera inmediatamente porque había pasado algo muy grave conmigo. Mi padre llegó volando al colegio, pensando que había sufrido un accidente o algo. Y se encontró los dibujos, a su hijo bastante cortado, y al director a puntito de la embolia.

Mi padre se asegura de que no tengo heridas, y el director le cuenta todo lo que ha pasado. Figúrese. Una verdadera red de dibujos pornográficos. Y cobrando por ello (si quieres lo hago gratis, mamón). El daño que puede hacer esto. Debe ser duro para usted.

Y el cabrón empieza a reírse.

Ni el cura ni yo nos lo creemos, claro. Mi padre se pega como dos minutos partiéndose el culo, y luego me pregunta si esto me parece serio. Claro, yo le digo que no. Y entonces me dice:

– Esto no es serio, hijo. Si quieres hacer estas cosas, las haces en casa y luego las traes. Pero aquí vienes a trabajar, no a perder el tiempo en clase. ¿Estamos?

Pobre cura. Acto seguido, mi padre le pregunto si pasaba algo más, a lo que el cura no pudo responder de alucinado que estaba. Y nos fuimos a casa, mientras mi padre decía que no le volviera a dar estos sustos.

Poco después empecé a dejarme melenas. Lo cierto es que el pelo me crece rápido. Mi padre de vez en cuando me decía que a ver si me cortaba el pelo un poco, pero lo cierto es que se me olvidaba. Hasta que un día estaba tan largo que ya decidí tener melena. Pero al caso, la cosa es que mi padre me daba toques. Hasta que un día volví a casa encabronado porque los curas me rayaban la cabeza con lo de las melenas. Y a mi padre le brillaron los ojos.

Dos días después, mi padre y yo fuimos a comprar ropa, y me pagó una camiseta de Dio. En la camiseta aparece Satán sobre un acantilado que domina un mar embravecido, arrojando al agua a un cura encadenado. Me animó a que la llevase al colegio, el mamón. Y yo, inocentemente, le hice caso. Os podéis imaginar lo contentos que se pusieron los curillas con la camiseta heavy del Nogueras. Creo que algunos todavía tienen pesadillas con mi apellido. O mejor dicho, con el de mi padre.

Otro día os contaré con calma la vez que mi padre me pilló por sorpresa con una tía en la cama en casa. Así no se hace muy largo el post, y no os hacéis caca encima por el esfuerzo, que luego os quejáis.

Ave Imperium.

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