El hecho de contar entre los ilustres invitados comentaristas de este blog con la preciosa hobbit Thera Tuk, me ha levantado una ampolla de nostalgia por su adorable persona y por la tierra de Asturias. Ampolla que, con el permiso de ustedes o sin él, voy a reventar, curar y cauterizar a continuación.

El norte es un sitio que está lleno de tíos cerrados. Eso lo saben hasta los chinos. Cuando uno es andaluz se acostumbra a cierta forma de tratar a la gente. Los vascos no la tienen, los catalanes tampoco, ni los gallegos… Será el clima, será el sol, será lo que sea. Pero el hecho es que por ahí abajo rajamos todos como porteras, y metemos boca en todo. A menudo demasiado. Pero también somos efusivos, cariñosos, abiertos, ingeniosos, divertidos… Los mamarrachos que gobiernan el mundo llaman a eso ser latinos, porque es un carácter que compartimos en teoría los pueblos mediterráneos. Yo a ellos los llamo retrasados, porque puestos a estereotipar estúpidamente, conozco muchos italianos que parecen suecos por su seriedad e inexpresividad, y a todos los griegos tampoco les gusta el yogur ni que les den por el culo. Pero la diferencia entre el norte de España y el sur va más allá del estereotipo, y entra en el reino de los hechos. Que es donde a mí me gusta más moverme, porque se acercan bastante menos retrasados por ahí que al mundo de las pajas mentales políticamente correctas.

Dejo de desvariar. Lo cierto es que, mientras organizábamos las CLN 2002 en Granada (otro día hablo de las CLN), tuve el honor de contactar gracias a mi amada Anarwen con una mancha de locos y borrachos, cariñosos, majos, encantadores, alegres, buenos compañeros… y asturianos hasta las trancas. Nos ayudaron en todo, nos animaron en todo, e hicieron mucho más de lo que cabe esperar de alguien que es tu mejor amigo, teniendo en cuenta lo poco que nos conocíamos. Nos hicimos amigos rápido, como me pasa a menudo con la buena gente que conozco. Y cuando las CLN acabaron, y todos nos tambaleábamos como extras de una peli de zombis, en parte por la falta de sueño (terminal) y en parte por el exceso de alcohol (ídem), nos juramos mutuamente que, al año siguiente, sólo la Muerte me impediría ir a las CLN que se celebrarían en Gijón. Y lo sellamos entre océanos de alcohol (que es más limpio y menos doloroso que la sangre).

Llegó el verano siguiente, y la aguerrida expedición granadina se puso en marcha, amenizada durante 16 horas de autobús por los peores chistes de mi vida, gracias al duetto del horror que formaron El Obispo y el Mono. Junto a ellos, Anarwen, su hermana, una amiga de ambas, el Gran Perry y yo contemplamos, pasmados, como el paisaje se transformaba al pasar el cartel de “Bienvenidos a Asturias, y entrábamos en el sitio más bonito de este país.

Lo que pasó en las CLN es largo de contar, y quizá otro día. Baste decir que el Obispo y yo descubrimos y damos fe de que los asturianos son el pueblo más abierto, amable, cariñoso, fiestero y majo del país, que sus mujeres son las más guapas y efusivas que hay, y de que el Gran Perry podía pillar tales mierdas infames, que hasta las moscas le escupían al verle. Conocí a Rapunzell y Jofan, lo cual de por sí justifica no 16, sino 160 horas de autobús oyendo al Mono contar chistes (y eso no se lo deseo ni a Gorpik). No dormí casi nada, y bebí y comí como nunca. Nos reímos mucho huyendo de MARC (ese tío merece un post él sólo, Rapun y Jofan os lo pueden confirmar), y decidí que Asturias era el Valhalla, a donde los guerreros valientes vamos cuando morimos con acero en nuestras manos. Sobre todo porque, mientras estábamos de CLN se celebraba la Semana Nera, que allí es la mejor feria en la que jamás he estado.

No me he quitado mucho la pena, qué le vamos a hacer. Pero mi media hora de descanso se acaba, y Asturias cae lejos. Pero si hay suerte, este verano los veré en las CLN de Valencia. Y nos correremos con ellos tal juerga, que la Comunidad será declarada zona catastrófica. Los granadinos ya les tumbamos en Granada, les volvimos a tumbar en Gijón, y les tumbaremos en todos lados. Porque ése es el secreto: si te acostumbras a inflarte de sidrina, luego el vino y los cubatas acaban contigo con rapidez… J

Es un lugar maravilloso. Espero no tener que morirme para volver allí.

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