Ah, por cierto. Tengo una gran noticia para mis chicos de Cthulhu. Ivanhoe por fin ha vuelto de Eslovaquia (el hombre tiene que ver a su chati y eso), y ha confirmado que vendrá a las 5 el lunes, a la nueva sesión del Orient Express. Por motivos de vagancia no posteé la última partida, pero eso es algo que arreglaré pronto. Pero aprovecho que estoy prolífico para hablar un poco de él a quien no le conoce.

Ivanhoe es un tipo curioso. Es uno de los mejores amigos que se pueden tener. También es una de las personas que ha llegado a provocarme las ganas más intensas de guantearle la cara hasta matarla. Hay veces que lo adoptaría, y hay veces que lo disecaría con un soplete. ¿Y por qué?

Porque no se ha rendido. La vida le ha dado sartenadas de hostias en todo el cuerpo, y no se ha vuelto un bastardo. Ni un cínico. Ni un amargado. Y eso es lo más fácil, y lo digo por experiencia. De alguna manera tiene la inocencia y la enorme capacidad de disfrutar de un niño que cree en los Reyes Magos. Le oigo hablar de cine y se me cae la baba. Lo veo jugar a rol, y se nos cae la baba a todos. Porque se entusiasma, y lo transmite. Y se entusiasma con todo lo que hace. En cierta manera,es como un cachorro grandote y torpe, pero muy cariñoso. A veces te mea la alfombra, destruye tus plantas y te roe las zapatillas. Pero luego te mira con sus enormes ojazos líquidos llenos de amistad y moviendo el rabito (metafóricamente), y no eres capaz de enfadarte con él. Bueno, yo sí. Pero me dura menos que con otras personas. Tengo debilidad por ese tío.

Y es uno de los mejores jugadores de rol que existen, porque piensa como el pedazo de guionista de cine que es. No sólo interpreta su personaje, sino que el tío decide lo que hace en función de la personalidad de su personaje y de lo que es mejor para la historia en conjunto. No busca divertirse, busca divertirnos a todos.

Por eso estoy contento de que haya vuelto de Eslovaquiaa. Y estaré más contento cuando el lunes le abra la puerta de mi casa y le vea sonreír, y me abrace tratando de partirme en dos, como siempre hace. Y querrá café (siempre quiere), y sin darme tiempo a casi nada empezará a contarme cosas que serán muy importantes porque me las cuenta él. Y la casa se llenará de luz un rato, mientras nos insultamos cordialmente: yo a él por no venir a las 3 últimas partidas, y él a mí por osar jugar sin él. Y todo será mucho mejor entonces.

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