Como véis, tengo mucho tiempo de tocarme los huevos hoy. Y quiero contar una anécdota del curro que demuestra que el guión de mi vida lo han escrito los Monty Python. Algún día me giraré y sorprenderé a John Cleese escondido tras un farol, tomando notas para el siguiente gag. Entonces le cogeré por la pechera, y le obligaré a confesar que la enorme cantidad de cosas absurdas e increíbles que me pasan se debe a que ellos escriben el guión. Luego haré que me firme unos autógrafos, que el tío es un genio.

El trabajo de cara al público es especialmente adecuado para que te pasen cosas idiotas, porque el mundo está lleno de mongolos que quieren que les atiendan. Y, dado que mi trabajo a día de hoy es formarme como manager en una cadena de venta informática, quiere decir que la atención al público es una habilidad esencial. Porque en este país de idiotas, en cuanto pasa algo que no le gusta al cliente, exige que venga un manager. El por qué, no lo sé. Nuestros empleados conocen perfectamente los procedimientos. Si un técnico dice que no se puede cambiar un artículo, ¿para qué cojones necesitas al manager? Quizá es que les mole que venga un tío con corbata a repetirles lo que ha dicho el empleado. Quizá es que piensan que son tan importantes que el manager se asustará ante la idea de perder a ese cliente, y les haremos algún regalillo. Claro que sí. Os va a dar el sol, en la frente.

Al grano. El otro día estaba haciendo un turno en el PC Clinic (el servicio técnico), atendiendo el mostrador para que los técnicos pudieran trabajar en paz. Gracias al hijoputa que inventó el virus Sasser, tenemos más máquinas de las que podemos manejar en reparación, lo que causa que los chicos tengan que venir hasta 2 horas antes a tratar de adelantar trabajo. Por eso yo les ayudo, tramitando las devoluciones de rutina, entregando equipos ya reparados, y esas cosas para las que el técnico no es imprescindible.

Pues llega un notas con un chandal clarito mugriento, sin peinar, afeitar, duchar, o haber usado de forma alguna de higiene en una temporada… de fútbol. Viene con una bolsa en la que se entreve un juego de PS2. Le saludo cortésmente, y me dice lo siguiente (más o menos):

– Cliente: Deseo cambiar este juego que venía con la consola.
– Yo: Muy bien. ¿Trae el ticket de la compra?
Me da el ticket, y compruebo que no han pasado los 15 días del período de prueba. Es un pack de PS2 + juego. Todo en orden.
– Y: ¿Ha tenido algún problema con el juego?
– C: Quiero cambiarlo porque es muy difícil.
– Y: ¿Perdón?
– C: Sí, que es muy difícil. Mi hijo se queda atascado en un sitio y no es capaz de pasar, y yo tampoco. Así que quiero que lo cambien.

El retrasado quiere cambiar un juego alegando que no es capaz de pasarlo porque es muy difícil. Porque es muy difícil. Bueno, le explico que sólo cambiamos el software y los consumibles cuando están defectuosos, de otro modo no le podemos hacer el cambio. Además, como el juego es de un pack, no podemos devolver parte del pack. Pero el imbécil no se enteraba. De hecho, empezó a enfadarse:

– “¿Me vas a hacer ir hasta mi casa para traerte la Play y el mando? Si voy a cambiar el juego, qué más os da?”

Lo que nos da, pedazo de imbécil, es que el stock de la tienda se descontrola si vamos regalando juegos como si no hubiera Cristo. O sea, si tú devuelves el pack completo y lo cambias por otro, las cuentas salen. Si devuelves medio pack, y te damos un juego, nos descuadras el almacén. Soplapollas. Y luego viene un señor a hacer una auditoría del stock en la tienda, y nos mete un gran rabo incandescente por ir perdiendo material.

Por supuesto, mi primera opción era decirle que le diera caña a los de Educación Especial para que ayudaran a su hijo y a él a superar sus problemas de razonamiento. Pero como eso no está bonito, le traje a un manager senior, para que le dijera lo mismo que acababa de decirle yo. El tío se fue muy enfadado, alegando que iba a volver a devolver todo, que no quería cambiarlo, y que no volvería más a la tienda. No me creo ni una palabra.

Llamativo, ¿verdad? Estamos tan acostumbrados a no esforzarnos que, cuando un simple juego de PS2 se complica, lo tratamos como si fuera defectuoso. Lo único que había defectuoso ahí eran la higiene de ese tío y su capacidad de razonar. Pero vivimos en el mundo del “aprenda sin esfuerzo”, “pierda kilos sin esfuerzo”, “alargue su pene sin esfuerzo”. Y la gente lo cree hasta tal punto que…

me da material para reírme de buena mañana.

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