Bueno, gracias a las magistrales enseñanzas de Rapunzell, Deidad Tutelar del Banjo en el Imperio, ya he puesto los enlaces a varios blogs de gente que dice cosas interesantes.

Debería poner la crónica de la partida de Cthulhu que jugamos ayer, pero no me sale del nabo en este momento. Podéis leer las dos primeras partes aquí, a continuación, porque sólo he cortado y pegado del blog de Rapun. Así soy más perro que nadie, y no tengo que poner putos enlaces. Y vosotros no podréis quejaros de que tenéis que buscar la entrada y os hacéis caca del esfuerzo, vagos de mierda.

Aquí va:

Primera Parte
Esta tarde vamos a seguir la partidica de Cthulhu que llevamos un tiempo jugando: “Horror en el Orient Express”. Lo cierto es que la partida es soberbia, porque Ivanhoe, Eär, Jofan, Rapun y mis niñas (la Imperatrix y la MaryJoe) son jugadores bestiales. El caso es que en la última partida hubo una escena curiosa al final, que me hizo pensar algo. Como tengo algo de tiempo, voy a proceder a hacerme una paja mental sobre el tema. Si alguien no juega a rol, es altamente probable que el tema le suene a chino, pero me gusta que mi primer post en el ático que alquilo aquí trate sobre algo que es importante para mí.

La cuestión es esta: El año es 1923, y los personajes de los jugadores (PJs desde ahora) están recorriendo Europa a bordo del Orient Express para recuperar las partes que componen una estatua maligna llamada el Simulacro de Sedefkar, antes de que una secta de turcos mamones despellejadores se hagan con ella. Además, hay algo que va siguiendo al grupo desde París, que los PJ sospechan que puede ser el último propietario del chisme, y que murió en 1793 (yuyu, yuyu). Los PJ están en Venecia, donde sospechan que hay una de esas partes. Han hallado el brazo izquierdo en París y el torso en la Scala de Milán (de donde salieron a tiros en mitad de Aida).
Hay que notar antes de seguir, que en la última partida Eär e Ivanhoe faltaron, y que yo interpreté a sus PJ de la forma que mejor pude, dado que no puedo sacarlos de la acción.
Bueno, pues los PJ están en un lío porque le han tocado las bolas a un importante funcionario fascista, que manda pandillas de Camisas Negras (sus matones oficiales) a pegar palizas al grupo y eso. Pero los PJ se han hecho amigos de una familia de fabricantes de muñecas que les están ayudando a buscar la pieza, y el capo de estos les ha “prestado” a un grupo de sus primos para que les ayuden y protejan de los fascistas. De modo que los PJ tienen su propia pandilla de matones. 🙂
La cosa es que los PJ querían invitar a cenar a “los primos” para agradecer su ayuda, pero no podían meter a esa purria en el súper hotel 5 estrellas en el que se alojan (todos los PJ son gente con pasta). Así que los primos se los llevaron a una tasca, y se me ocurrió que sería divertido correrse una juerga. Así que pedí unas tiradicas para ver si alguien se dejaba llevar y se cogía un pedo, ya que los PJ están tan paranoicos que en principio los jugadores no estaban por la labor de desmelenarse (no sea que aparezcan los turcos, los Camisas Negras o “eso” a partirnos la cara mientras estamos borrachos). Bueno, pues Jofan, la mujer de Ivanhoe y MaryJoe mantuvieron la compostura, y los demás se pillaron un ciego como una venta. Y entonces Rapun hizo la pregunta que motiva esta paja mental (perdón por la prolongada intro):
“¿Alguno de los italianos está bueno?”
Unas tiradas después (yo no me había preocupado de pensarlo), salió que uno de los primos (Luigi) estaba como un queso, y el PJ de Rapun (que está más que buena) se lanzó a por su pescuezo cual perra en celo. El PJ de la Imperatrix (jovencita becaria de arqueología, más maciza que el de Rapun) se puso tierna con el de Jofan (que tenía encargado vigilar al PJ de Rapun por el padre de esta, ya que es un digno militar británico), y el PJ de Eär, que iba más borracho que nadie, empezó a decirle a la MaryJoe lo mucho que la apreciaba, lo cual es un tema sensible, porque el PJ de la MaryJoe lleva años enamorada del de Eär sin decirle nada, y a sus 30 y pico es más virgen que el prepucio de Cristo porque no hay otro hombre que le interese.
La cosa es que Rapun (su PJ, se entiende) se las arregló para irse un ratico a solas con el Luigi y darse el filete apasionadamente con él, MaryJoe acabó con Eär cieeeeeeeego y cariñoso en su habitación de hotel, sin saber muy bien qué hacer (nos reímos un huevo en esa escena), y Jofan dudaba seriamente si darle un capullazo a la Imperatrix, ya que se había puesto a tiro, su novio está en Egipto de arqueólogo, y de todas formas la Rapun se le había escabullido en el follón de pagar las copas (al final la honrilla pudo más, pero costó porque el PJ de Imperatrix es la tía que más tronca está del grupo). Por último, Ivanhoe tuvo que afrontar su bronca conyugal por el lamentable espectáculo protagonizado por él, y la MaryJoe lo va a disecar con un soplete porque escuchó como, al quejarse el PJ de Eär de que no sabía como acercarse a la Mary, Ivanhoe le soltó que “la profe es una frígida de mierda (hics)”.
En el tercer tiempo, tras la partida (que muchas veces es lo mejor de la misma), comentamos lo chula que quedó la escena de la fiesta, y me volvió a surgir la duda: “¿Por qué hay tan poco sexo en las partidas de rol?”.
No me refiero a que tengan que abundar las vívidas descripciones de sexo, o a que interpretemos esas escenas en vivo (hummmmm….), sino a que estamos siempre dispuestos a que nuestros personajes se peleen con quien haga falta, y no dudamos en describir el combate con detalle para hacerlo realista. Yo soy muy partidario de ello, porque no me gusta que la violencia se trivialice. Una pelea es algo lleno de miedo, dolor y cosas desagradables, y me aseguro de que los jugadores lo sepan (tampoco les doy en la cabeza con un mazo).
Pero los PJ son gente que nunca parecen tener interés en tener vida sexual o de pareja. Durante muchos años me he preguntado por qué nadie tiene problemas con las descripciones de escenas violentas, pero se cortan cuándo les pido que interpreten con otro PJ o conmigo una escena no digo ya de sexo, sino de simple seducción previa. Y además, basándose en que “mi PJ es mío y hace lo que yo quiero”, los PJ son sospechosamente inmune a los encantos de personajes del Master (PNJs) atractivos, carismáticos y guapos que hacen que los mortales se derritan al mirarlos. Pero los PJ no, ellos siempre se controlan. Nunca se enamoran de alguien del otro bando, porque eso “no es lógico”. A pesar de que lo ilógico pasa constantemente en estos temas. ¿Cuántas veces os habéis enamorado/encoñado de alguien a sabiendas de que es un cabrón/a que os va a hacer polvo?
Si Romeo hubiera sido un PJ, jamás se habría enamorado de Julieta porque lo más “coherente” habría sido odiarla y sajarla en cuanto la viese. Me flipa lo fácil que es matar en el rol (algo que en la vida real encarna gran dificultad y graves consecuencias) y lo difícil que es echar un polvo (algo que las personas sanas hacemos siempre que podemos, a pesar de las consecuencias).

Y este es el fin de la parrafada. Probablemente usemos el blog para tener un registro de las partidas porque, francamente, mi lista de frases gloriosas pronunciadas por los jugadores crece cada día. Y si no, mirad el Horero de Lausana. El hijo más distinguido hasta la fecha de esta partida. La verdad, si no usamos el blog para hacer un diario de la partida, es como dijo Jofan:
“Para eso nos hubiéramos quedado en Londres, mamándonos las pollas” (Coronel Angus Filmore).

Más en el futuro, que no está muerto lo que puede yacer eternamente….

Segunda Parte (Amor y Muerte en una Góndola)
Bueno, pues la partida pasó ayer, y fue absolutamente memorable. Y bastante inusual en este juego, como mi casera Rapun indica en su post. El amor y el sexo son cosas que en Cthulhu sólo aparecen generalmente como nefandas perversiones incestuosas.

Creo que para el buen seguimiento de la partida será menester presentar a los personajes y a sus jugadores, de modo que nos hagamos menos un lío. Aquí va:

– Katherine Stanford-Jones (Rapunzell): Es una niña bien de la high society londinense. Sirve para jugar al polo, al criquet, y otros entretenimientos pastoriles. Sin embargo es una chica aventurera, y tiene habilidades inusuales en una chica de su tiempo como entender algo de motores y coches, y saber disparar (hija de militar, vosotros sabéis). Quizá se deba a que pasó buena parte de su infancia en las colonias inglesas en la India. Una chica de mundo

– Coronel Angus Filmore (Jofan): Veterano de Afganistán y la India, retirado con honores y viviendo de su razonable pensión de retiro en la verde Inglaterra, hasta que la llamada de la aventura lo sacó de casa. Experto combatiente, serio, sólido y fiable, se las ha visto de todos los colores. Es amigo del padre de Katherine, lo que la convierte (por petición de este) en el ángel guardián de la chiquilla. Además, tiene un escopetón de matar elefantes bestial.

– Martin Gloucester (Ivanhoe): Ingeniero industrial americano y fabricante de armas. Es todo un dandy, en el sentido yanqui de la palabra. Está prometido con Valeria Dragunova (abajo), tiene una tremenda habilidad para decir cosas inconvenientes (sobre todo a otros PJ), y un desprecio total por su propia seguridad. Lleva dos pistolas hechas a su propia medida por él, de las que se siente muy orgulloso, ha viajado por Europa y estuvo en la Gran Guerra, donde hizo un montón de contactos.

– Megan Allison Irving (Imperatrix): Es una joven becaria del departamento de arqueología de Oxford o Cambridge (no me acuerdo). Pensad en el personaje de Rachel Weisz en “La momia”, y os hacéis una idea. Es la hija del agregado militar de la embajada británica en Constantinopla, y ha vivido en Turquía muchos años. Por lo demás tiene mucho en común con Katherine, y son igual de pavas. 🙂

– Jessica McGonnagall (MaryJoe): La primera mujer con cátedra de Oxford o Cambridge (la contraria que Megan). Una estudiosa de la lingüística y la mitología de toda Europa, con un gran amor por la caza. Gran amiga del profesor Julian Arthur Smith, que fue el que metió a los PJ en este lío. Hace poco, en Venecia, ha logrado que su amor platónico de toda la vida caiga en sus brazos (John Green, abajo), y dejar de ser virgen a los 35 años, todo de una vez. 🙂

-John Green (Eärendil): Doctor en Medicina y en Historia, que trabaja en un hospital en Londres y da clases de Historia Antigua en la misma Universidad que Jessica (un trabajo no era bastante). Veterano de la Gran Guerra, donde trabó amistad con Martin, y enamorado desde hace una pila de años de Jessica, el gran drama de su vida ha sido que los dos eran demasiado pavos para decirse nada. Un gran tipo, competente, pero con mala suerte en las tiradas de Primeros Auxilios y muy mal beber 🙂

– Valeria Dragunova Skorzeny (PNJ): La prometida de Martin, de origen húngaro, hija del fabricante de armas Émil Dragunov, y heredera de su imperio (el Dragunov SVD es el fusil de francotirador reglamentario del Ejército Soviético hoy día, y uno de los mejores del mundo). Bella, inteligente y con una voluntad indómita. Es amorosa con Martin, y le pega unas bullas inauditas. Es aficionada a la parapsicología, puesto que cree que puede estudiarse de manera científica y racional.

Este es el grupo. De este modo, cuando hable de los PJ nadie se hará tanto lío.

Bueno, al grano. Los PJ se levantan después de la borrachera de anoche, algunos más felices que otros. Como han estado entrando y saliendo del hotel a horas raras, la pasma va a visitarles y les confisca los pasaportes para investigarlos un poco (recordad que hay “algo” que sigue a los PJ y que se ha cargado a dos personas horriblemente en Venecia). Los PJ vuelven a investigar la fábrica de muñecas para ver si localizan la pieza que buscan, porque saben que pasó por las manos del fundador del negocio en 1797. Angus ha pasado la noche de guardia (por si viene el coco), así que pasa la mañana sobando, y John recuperándose de la resaca. Martin y Valeria se quedan en el hotel para cuidar de los dos y vigilar las piezas de la estatua que tiene el grupo.

Como no podía ser de otra forma a Katherine/Rapun se le hizo el chocho pepsicola cuando el apuesto Luigi entró de nuevo en escena, con sus amables primos. Mientras Jessica y Megan se rebozaban en polvo y fango hurgando en los mugrientos archivos de la fábrica Gremanci, Katherine usó una estrategia ultraperra para irse por ahí con Luigi (“¿Me enseñas la fábrica, Luigi (caída de párpados)?”, y eso que ya les habían enseñado la fábrica a todos). La cosa es que el Luigi se dejó querer, y acabamos con una escena estilo EL cartero siempre llama 2 veces, rodeados de muñecas, y partes de muñecas (brrr).

Cuando a John se le pasó la resaca se acercó a almorzar con todo el grupo y sus amigos italianos, y POR FIN, reunió valor para “acompañar” al hotel a Jessica y, en una sublime escena, declararle su amor, con la cara de pasmo de la otra y el subsiguiente filete de ambos PJ.

Todos los presentes en el salón aplaudimos ante ello, entusiasmados. Los dos jugadores lo rolearon a saco, especialmente la MaryJoe que es menos ducha y más tímida, y aún así logró una expresividad en su rostro genial. Eär venció y convenció, borrando el ridículo de la noche anterior de la memoria 🙂

Sin embargo, los problemas no acaban ahí. Martin y Valeria reciben en el hotel la visita de la doncella de María Stagliani, la chica a la que ayudaron y por la que se metieron en un lío con los fascistas. El funcionario Alberto Rossini la tenía secuestrada en su casa (la de ella), y había ido a buscar a un cura para obligarla a casarse con él. Además, María temía por Giorgio (su joven amante, ¿recordáis del anterior post?) y pedía ayuda. Así que la parejita llamaron a la fábrica y convocaron al grupo a reunión de urgencia, que es lo que causó que John acompañara a Jessica y se declarara (quizá por eso de que, si luego los Camisas Negras me vuelan el culo, se me va a quedar pendiente de hacer).

Con ayuda de los primos (que reconocieron el terreno), y aprovechando que conocían la casa (del funeral del padre de la chica), urdieron un plan y lo ejecutaron como si fueran los SWAT. Imaginad el gustazo que, como Narrador representa describir un grupo de máscaras de carnaval veneciano entrando en la casa sin hablar (no saben italiano), armados con pistolas, y noqueando guardias a base de cloroformo y a punta de pistola, pero sin pegar un tiro. De hecho, cuando Rossini llegó de improviso con el cura, Rapun tuvo el gustazo de tenderle la emboscada al porcino fascista, y luego convencieron al cura de que casara a ambos. Mientras se celebraba la ceremonia, aprovechó para filetearse de nuevo con el Luigi en el exterior de la casa, claro (no se pierde tiempo aquí, no). Acto seguido, acompañaron a la parejita a la estación y los despidieron mientras Giorgio, María y la doncella de esta cogían el Orient Express dirección Milán, para refugiarse con los parientes de la chica. Satisfacción del deber cumplido, especialmente porque John y Jessica consumaron su amor en el hotel (“Dios mío, Jess, ¿eres v…?”). Por supuesto, la Rapun siguió en lo suyo con el italiano por la noche, en el hotel (¡sorpresa!).

Al día siguiente los PJ reciben la visita del cerdo Rossini que no puede hacer nada contra ellos (no dejaron ni una prueba) pero que aprovecha para devolverles sus pasaportes y sugerirles que se vayan de Venecia, que hay mucho estrés en la calle y la cosa está muy mala (los asesinatos han provocado una histeria colectiva religiosa). Los PJ le dicen que sí como a los locos, y se van a la fábrica Gremanci (“Oh, Luigi”), donde descubren que la pierna forma parte de una de las estatuas del campanile de un reloj de la ciudad. De modo que los PJ se van para allá, montan un teatro para distraer al viejo guardia que no les dejaba subir a donde el reloj, y suben al campanario.

Y aquí se empieza a torcer la suerte.

Resulta que toca y cuarto cuando los PJ están dentro del campanario, con lo que el Turco (que es donde estaba la pierna) entra en movimiento y golpea a Angus, que cae herido en el pecho por la cimitarra de la estatua. Cuando las estatuas vuelven al interior, Martin desmonat la Pierna Izquierda de la estatua, pero eso causa un desequilibrio que hace que la estructura del campanario (el mecanismo del reloj y las estatuas) empiece a desmoronarse.

A Valeria le entra un ataque de histeria (perdió 8 puntos de CORdura del tirón, eso es mucho) y sale corriendo a ciegas para la escalera con riesgo de matarse. Martin, Pierna Izquierda en mano, la sigue. Megan es golpeada en la cabeza por una de las estatuas y cae inconsciente en medio de la maquinaria, por lo que Angus, con más cojones que el caballo del Espartero, vuelve a entrar en el campanario, esquivando engranajes, ruedas dentadas, estatuas enloquecidas y cadenas que caen, para echarse a Megan al hombro (lo que le causó un desgarrón en el hombro por las prisas) y sacarla el peligro. Nueva ronda de aplausos para el Jofan por machote.

Los PJ se van echando virutas porque el mecanismo del reloj está saltando por los aires y no pueden ser capturados. Piden refugio en sus consulados respectivos, y cuentan que fueron asaltados por una turba histérica, con lo que consiguen algo de reposo y curar sus heridas en condiciones, amén de algo de tranquilidad al fin. Ah, y por supuesto, adivinad quiénes tuvieron unos días extras para darle al fornicio (“Oh, Luigi”, “Oh, John”, “Oh, Jessica”, “Oh, callaos ya” (los que no mojaban)).

Bueno, pues ha sido una partida redonda. Ahora los PJ se dirigen a Trieste para buscar otra pieza, que puede estar en manos de un tal Johann Winckelmann. Y me ha encantado porque ha sido un modelo de partida de terror, con miedo, emoción, suspense, y sin pegar un sólo tiro ni casi derramar sangre (los pobres PJ heridos sólo). La próxima tendrá que esperar a Mayo, porque tenemos agendas apretadas.

Pero mañana hemos quedado para hacer los PJ de la partida de Vampiro: Crónicas Giovanni IV – Nuova Malattia. Incesto, mafiosos, vampiros, perversión y sangre en el Boston de 1929. Ivanhoe, Pavy, y espero que Jofan y Rapun vengan a mi palacio imperial. La Imperatrix se ha hecho ya su PJ, y es escalofriante. Estoy loco por empezar.

Pax Imperium

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