Esto va de corrección política. Napalm is man enough for me!

La corrección política es una enfermedad mental. No sé si es una esquizofrenia (porque implica pérdida del contacto con la realidad) o una forma de retraso mental (porque los políticamente correctos son generalmente unos mongolos), pero está claro que debería aparecer en el DSM – IV. Pero los psiquiatras perderían sus empleos, porque entonces se podría decir en TVE que los psicólogos les estamos comiendo el negocio, y eso no mola. Y como la DSM IV la escriben psiquiatras…

La corrección política es un virus que lo impregna todo. Es una forma de meternos el pensamiento único por la fuerza, porque tú no puedes decir que algo está mal, que apesta o que hay que cambiarlo. Puedes vender mierda en lata y nadie te puede acusar de estafador, porque hay que respetar a las personas que comen mierda en lata, que tienen sus derechos los pobreticos. Animalicos.

Además, la corrección política es un fenómeno gregario. Hace que la gente forme asociaciones gilipollescas dedicadas a defender los derechos de alguna minoría o colectivo que, a menudo no merece derechos, o que plantean unas demandas irracionales: Tuve una experiencia polaquísima con una asociación de familiares de niños autistas, que opinaban que lo que tenía que hacer el gobierno era pagar las drogas a sus hijos para tenerlos drogados todo el puto día, porque el tratamiento psicológico atentaba contra los derechos de los críos. Claro, lo que pasaba es que el tratamiento psicológico desvelaba que parte de los síntomas más graves de los críos se debían a que sus padres cometían tremendos errores de crianza, que no se podían solucionar con meterle al niño antidepresivos en supositorio. Alegando que los psicólogos de APROMO no respetábamos sus derechos paternos y que causábamos daños a la sensibilidad de los nenes (figuráos la sensibilidad que tiene un autista sedado hasta arriba con antipsicóticos. Sí, la misma que la polla del Papa), pues mandaron un programa buenísimo que estaba dando resultados desde hacía 2 años a la puta mierda.

Hace tiempo decidí que dejaría que me enculase un mandril rabioso antes de ser políticamente correcto. La gente ha cogido un miedo patológicvo a ser tachada de intolerante por tener una opinión y expresarla. Es pecado tener una opinión, porque es más bonito no tener ninguna, ya que todas las opiniones son válidas, hay que respetar a todo el mundo, y toda esa mierda.

Bueno, pues esto es lo que hay: si lleváramos lo políticamente correcto al extremo, yo podría cortarle la cabeza a tu madre, y follármela por el muñón del pescuezo, y no podríais encarcelarme porque si yo opino que tu madre debía acabar así, hay que respetar mi opinión, que es igual de buena que la tuya. Y además, seguro que podría escaparme alegando que pertenezco a una minoría oprimida (por ejemplo argumentar que esto es una muestra de intolerancia hacia los que cargamos el paquete a la izquierda) y seguro que sale al instante una asociación de mongolos bienintencionados que montan tal pifostio en la tele que me pagan las costas del juicio, me sacan de la cárcel, y además me tienes que indemnizar porque al follarme a tu madre me arañé la punta del nabo con la vértebra más expuesta.

Así que ya sábeis, nenes y nenas. Los chicos malos y políticamente incorrectos nos divertimos. Los políticamente correctos van al cielo, donde los obispos católicos les disfrazan de monaguillos y les dan por el culo para siempre. Y si no, preguntad al clero de Boston, que anda muy revuelto (uy, espero no faltar).

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